Monólogo de Alsina

Alsina critica la actitud complaciente de Sánchez ante Trump: "Te humilla y tú le besas la mano"

El director de Más de uno ha señalado como Sánchez, que se ha erigido a sí mismo como superhéroe antitrumpista, se queda apocado cuando se ve cara a cara con Trump, el villano que empieza a dar muestras de estar cucú.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Bueno, la de hoy nos la cuenta Félix Rodríguez de la Fuente. Es la historia del cuco, o de los cuclillos, contada por amigo Félix en su programa 'Fauna' de 1970. El cuclillo, o cuquillo, o cucúlido, anuncia con su canto la llegada de la primavera y es, en Japón, símbolo del amor no correspondido. Pero contó Félix con imágenes verdaderamente crudas, es también la pequeña bestia que nace en un nido que no es el suyo y se deshace de los otros polluelos lanzándolos por la borda.

Siempre he pensado que la forma de hablar de Rodríguez de la Fuente fue una inspiración para José María García. Aunque escuchándole ahora creo que es una mezcla de García e Íker Jiménez. Pero vuelvo al cuco. No es por su pulsión arroja huevos o asesina de crías por lo que su nombre acabó asociado en algunos países de la América hispana a la chifladura.

Se cree que es más bien el sonido repetitivo de su canto lo que hizo que prosperara la expresión estar cucú para referirse, burlonamente, a alguien que está perdiendo la cabeza. En Bolivia y Chile, y por el mismo motivo, Cucú-fato es quien está más p’allá que p’acá (en España, como sabemos, es el santo al que hay que atar los cojones, con perdón, para encontrar las gafas que no sabes dónde has puesto, o el décimo extraviado de la lotería: hasta que no lo encuentre no te los desato.

El caso es que estar cucú hizo fortuna como befa, bufa o rechifla para señalar al otro como un caso perdido de juicio extraviado. En inglés, también. Sólo que allí la sílaba acentuada es la primera y por eso dicen…eso es. Cúcu. Donald Trump declaró ayer que los ayatolás con los que ha negociado y desnegociado el acuerdo de paz que iba a cambiar para siempre la historia de Oriente Medio son tipos raros, que no están bien, que están cucú.

Puede que los ayatolas estén mal de la perola, por utilizar una expresión escrupulosamente diplomática, pero ocurre que quien empieza a dar síntomas inquietantes de estar cucú es Donald Trump. El petulante emperador de los Estados Unidos que después de dar por roto el acuerdo de paz con Irán, llamar basura a los gobernantes iraníes y amagar con retomar hoy mismo los bombardeos en Teherán -no hace falta explicar el efecto que semejante declaración tuvo en las bolsas (índices en rojo) y en el precio del petróleo (8% arriba)-, terminó el día diciendo lo contrario: que no existe posibilidad alguna que la guerra en Irán se reanude. Átame esa mosca por el rabo.

Quien empieza a dar síntomas inquietantes de estar cucú es Donald Trump

El zafio emperador de los USA que después de estrenar la cumbre humillando a sus colegas los gobernantes europeos, tachándolos de inútiles y desleales por no haberle acompañado en su aventura iraní, y de haber reclamado de nuevo que Groenlandia pase a estar bajo control estadounidense se reunió con todos ellos a puerta cerrada, de Groenlandia no dijo ni media palabra, y salió describiendo una suerte de fraternidad idílica en la que, allí dentro, todos los habían dicho lo mucho que le quieren, y él a ellos.

Admitamos que con Donald Trump ya es imposible analizar en serio el desarrollo de una cumbre, de la OTAN o de lo que sea. Llega rezongando, desdeña a sus colegas, se arrima -exhibiendo bromance- con Erdogan, se mofa de Meloni, provoca a la señora Frederiksen con el tema Groenlandia, se venga de Macron, de Starmer y de Merz, se deja adular por Mark felpudo Rutte y cuando tiene a todo el mundo hasta las mismísimas narices de tener que aguantar sus groserías, su arrogancia y sus desplantes, se hace una declaración de amor a sí mismo y concluye que la cumbre ha sido fructífera y francamente interesante. Pues muy bien.

La estrategia de sembrar el caos y volver loco a todo el mundo solo funciona, en realidad, en la cabecita del presidente estadounidense. Los gobiernos europeos, mansos pero habiéndole tomado ya la matrícula, saben que están lidiando con la mayor amenaza interna que ha tenido la OTAN para la supervivencia de la propia OTAN y de no agresión al socio que es la esencia de la alianza defensiva. No es cucú sino cuco el estadounidense.

La estrategia de sembrar el caos y volver loco a todo el mundo solo funciona, en realidad, en la cabecita del presidente estadounidense

El monstruo de la Casa Blanca al que Europa ya tiene fichado pero al que no ha sido capaz aún de encontrar una forma planificada y racional de tratar. Sin duda porque él hace imposible cualquier pretensión de planificar nada.

Un superhéroe apocado

Ya había demostrado ayer Trump la fijación ligeramente patológica que tiene con nosotros, España, y el gobierno de Pedro Sánchez…ya había dicho esto de que va a romper toda relación comercial con nuestro país -dices: ¿pero otra vez? ¿no la había roto ya?, cucú, cucú-, ya había disparado Trump, en fin, toda la munición que acostumbra a llevar en las cartucheras por si sale el tema de España cuando Pedro Sánchez tuvo ocasión de intercambiar con él unas palabras en la sala donde se celebraba la cumbre.

Pero qué me estás contando. De modo que Trump, pagado de sí mismo, pone a parir a España como caso perdido, socio terrible, jeta, gorrón, aprovechado, y dice en presencia de Rutte que no piensa permitir acuerdos comerciales entre su país y el nuestro. Es más, pone tonito de burla cuando parodia la súplica que, según él, le estamos haciendo para que nos levante el castigo.

Se burla, nos desdeña, nos hace un traje en público. Y entonces Sánchez se encuentra con él y le habla… ¡de fútbol! Dices: le habrá reprochado al menos lo de Infantino. En absoluto. Y algo más le habrá dicho, ¿no, presidente?, habrá sacado usted la cara por España y por su gobierno frente a tanta burla.

Ahora resulta que es golfista, poco pero algo. El golf. El mundial. El fútbol. Y lo contó todo Sánchez como con orgullo, como prueba de que Trump no le había leído la cartilla dentro del plenario. A ver, para ser la némesis europea de Trump y del trumpismo, para ser su adversario más temible, el ídolo de Patty Smith y de la enorme Susan Sarandon, para ser el superhéroe que salva de la ola reaccionaria la democracia (adelante, ministra Redondo)…eso, el superhéroe, resulta que se ve cara a cara con Trump y se le caen los superpoderes. Ni un mal gesto, ni un reproche, ni un decirle abiertamente al estadounidense: oye, matoncete, deja de acusarme de rácano y aprovechategui, deja de inventarte los números, deja de insultar a mi país. Pero tú quién te crees.

Se ve cara a cara con Trump y se le caen los superpoderes

Pues no. Cuando Sánchez, tan gallito contra Donald Trump en la distancia larga, tuvo a Donald Trump delante le comentó lo bien que organiza el mundial y no sé qué del golf. Pues muy bien. Trump te humilla y tú le besas la mano. Todo en orden en el maravilloso mundo del villano cucú y el superhéroe apocado. Como diría Félix, ésta es la naturaleza de la fauna.