El primer motivo para no tirar el aceite de freír por el desagüe es doméstico y bastante inmediato. El aceite se solidifica al enfriarse y se adhiere a las paredes de la tubería, donde va acumulando restos hasta formar tapones. Buena parte de las llamadas urgentes a un fontanero en un edificio de vecinos tienen ese origen.
El segundo motivo es colectivo: el aceite dificulta el trabajo de las depuradoras y, cuando llega al medio, forma una película sobre el agua que impide el intercambio de oxígeno. Es un residuo de volumen pequeño y efecto desproporcionado.
La opción correcta: llevarlo al punto limpio
Para evitar que ocurran alguno de los problemas anteriores, todos los municipios disponen de algún sistema de recogida gratuito, ya sea un punto limpio fijo, uno móvil que rota por barrios o contenedores específicos instalados en la vía pública.
El procedimiento consiste en guardar el aceite que ya esté frío en una botella de plástico bien cerrada y llevarlo al punto de recogida cuando se llene. No conviene mezclarlo con agua ni con otros residuos, ya que puede complicar el reciclado posterior.
Lo que cambia de un municipio a otro son los horarios y la ubicación, así que merece la pena mirar la web del ayuntamiento antes de ir. En muchas ciudades, el punto de recogida móvil pasa por cada barrio con una periodicidad fija.
Por otra parte, conviene evitar tres errores habituales. El primero, envasarlo en un recipiente de vidrio, debido a que la mayoría de los sistemas de recogida piden plástico. El segundo, colarlo por el inodoro pensando que ahí no se atascaría. Y el tercero, dejar la botella junto al contenedor si está lleno, porque entonces acaba en la basura ordinaria.
La opción que recompensa con dinero
Desde hace unos años, algunas estaciones de servicio recogen aceite doméstico usado y lo canjean con saldo. En el caso del programa de Repsol, se acredita en torno a treinta céntimos por litro en su aplicación de pagos, y ese saldo se puede usar como descuento al repostar.
Las condiciones son específicas y conviene conocerlas antes de presentarse: el aceite debe entregarse en botellas de plástico transparente, con un máximo de unos cinco litros por envase, y cerradas con su tapón original para evitar derrames.
No todas las estaciones participan. La compañía mantiene un mapa en su web para consultar cuáles ofrecen el servicio en cada provincia, y conviene comprobarlo antes de hacer el viaje.
¿Qué pasa después con ese aceite?
Después de su recogida, el aceite de cocina usado se utiliza como materia prima para producir combustibles renovables, y por eso existe un incentivo económico para que llegue toda la cantidad de aceite en condiciones.
Es un caso poco habitual de residuo doméstico con valor de mercado. Un litro de aceite que se tira por el fregadero es un problema de depuración; sin embargo, ese mismo litro entregado en condiciones es materia prima.
Por todo ello, el incentivo es la guinda y no el motivo. Quien no tenga cerca una estación adherida tiene el punto limpio de su municipio, que cumple exactamente la misma función ambiental sin pagar nada a cambio.

