Mariana Aróstegui, autora del libro Desincronizados, sostiene que vivimos atrapados en un conflicto permanente con nuestra propia biología ancestral. "Nuestro cuerpo no ha cambiado, nuestra genética está anclada hace 40.000 años, pero hemos alterado muchísimo nuestro estilo de vida", explica. Pantallas, horarios artificiales, luz azul antes de dormir, estrés constante... Todo esto ha generado un desajuste profundo en nuestro organismo.
Entre estos hábitos perjudiciales, uno es especialmente característico de España: cenar tarde. Mientras que en otros países europeos se come entre las 19:00 y las 20:00 horas, en España es común cenar entre las 21:00 y las 22:00. Y según Aróstegui, esto tiene consecuencias directas en la digestión y el descanso.
Por qué cenar tarde arruina tu noche
"Por la noche hay que restaurar, reparar, desoxidar. Para eso tenemos que producir las hormonas de la noche, y para eso no podemos estar digiriendo", explica la especialista. Cuando cenas tarde, tu cuerpo permanece en "modo día" cuando debería estar en modo reparación.
"Si comes tarde, vas a digerir hasta tarde y mucha parte de la noche estarás digiriendo en vez de descansando. Eso también es malo para la función digestiva", añade. De hecho, España registra problemas digestivos muy frecuentes: gastritis, problemas intestinales, molestias estomacales... que, según Aróstegui, tienen mucho que ver con que el intestino nunca descansa por la noche.
Su recomendación es clara: cenar como máximo a las 20:30 horas, idealmente a las 20:00. "Diez u once de la noche es francamente muy malo para la salud", insiste.
La flexibilidad metabólica perdida
Aróstegui también aborda otro problema central: hemos perdido la capacidad de quemar grasa. Nuestro cuerpo tiene dos sustratos energéticos: glucosa (rápida pero menos rentable) y grasa (lenta pero mucho más eficiente). "El homo sapiens siempre ha bailado entre uno y otro", explica, pero hoy comemos glucosa constantemente.
"Si tu cuerpo tiene todo el tiempo glucosa disponible, ya no va a usar grasa. Pierdes esa flexibilidad metabólica", dice. El resultado: hambre constante, antojos de dulces, necesidad de comer cada poco tiempo, y acumulación de grasa corporal.
Las señales de que tu metabolismo está desincronizado
¿Cómo saber si vives desincronizado? Aróstegui enumera varios indicadores:
- Cansancio crónico
- Necesidad de café para funcionar
- Cambios de humor a lo largo del día
- Antojos constantes
- Síntomas digestivos
- Dificultad para perder peso
- Alteraciones hormonales
Basta de culpar solo a la dieta
La especialista critica la obsesión actual por los macronutrientes y las dietas restrictivas. "Existe demasiado debate sobre cuantos gramos de cada cosa, si veganos, si carnívoros... Creo que la salud no está ahí", afirma. El homo sapiens está hecho para comer prácticamente cualquier alimento humano de forma real.
"La salud está en quitarlos", resume, refiriéndose a los ultraprocesados. Pero más importante aún: "Hay que pensar en qué estado comes. Muchos comemos corriendo, estresados, en el coche, desconectados del móvil... y a qué hora comemos".
Sobre los suplementos: no son la solución
Cuando se le pregunta sobre los miles de suplementos que inundan el mercado, Aróstegui es contundente: "Su nombre lo dice todo. Son suplementos, no la solución". Antes que tomar 20 suplementos al día, hay que dormir mejor, tener buena salud emocional, comer comida real.
Aún así, reconoce que algunos pueden tener sentido: magnesio (del que carece el 80% de los españoles), vitamina D en invierno, colágeno para articulaciones... pero siempre como apoyo, nunca como sustituto de los "deberes básicos".
La receta ancestral
Cuando se le pregunta qué deberíamos hacer para volver a lo básico, su respuesta es simple: "Escuchar a nuestras abuelas". Cocinar comida real, salir más a la calle, socializar presencialmente en lugar de en pantallas, estar en la naturaleza, cenar pronto y desayunar cuando amanece."No es ayuno, es simplemente respetar tu biología. El homo sapiens no está hecho para comer de noche".

