CARTA A LA FAMILIA DEL DONANTE DE CORAZÓN DE SU HIJO

"Honraremos la memoria de su ser querido en cada risa, en cada meta alcanzada y en cada latido de nuestro hijo"

Hugo tiene 14 años, una enfermedad que le mantiene pegado a una silla de ruedas y, hace unos días, se le paró el corazón. Recibió un trasplante y sus padres agradecen en una emocionante carta el gesto altruista de una familia que ha permitido que Hugo siga adelante.

ondacero.es

Madrid |

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Equipo médico duarante una donación múltiple de órgranos. | laSexta.com

Se llama Hugo, esto es seguro, y también lo es que tiene 14 años. El resto de sus datos son confidenciales.

Hugo tiene una enfermedad desde los cuatro años que le mantiene en una silla de ruedas. Hace un par de semanas el corazón se le paró de repente. Fue trasladado a un centro hospitalario de Madrid. A pesar de gravedad, y gracias al equipo médico que se dejó la piel durante las 18 horas de operación, Hugo recibió un corazón de un donante que, a día de hoy, ocho jornadas después, sigue latiendo dentro de su pecho.

“Lo peor ha pasado”, dicen los que rodean a Hugo: sus padres que quieren mantener el anonimato, pero -al tiempo- sienten la necesidad de dar las gracias a la familia del donante… a todas las familias y a todos los donantes que posibilitan que personas como Hugo o Carmen o Mariano o Candela puedan seguir cumpliendo años y sueños.

Los padres de Hugo han escrito una carta redactada con la tinta de la emoción, la gratitud y la esperanza. Una carta llena de girones desesperados, cosidos con letras sinceras, llenas de valor y lágrimas.

Esta es la carta que lanzan al aire la madre y el padre de Hugo:

Carta anónima.

A la familia de nuestro ángel donante:

No sé quiénes son, ni dónde están, y las leyes del anonimato mantendrán nuestros nombres separados para siempre. Sin embargo, quiero que sepan que estamos unidos en la eternidad por el lazo más profundo y sagrado que pueda existir: los latidos de mi hijo gracias a un gesto especial y lleno de generosidad.

Escribo estas líneas con los ojos llenos de lágrimas, pero con el corazón —su corazón— rebosando de una gratitud que no cabe en ninguna palabra de este mundo.

Cuando la vida de nuestro hijo se apagaba y el miedo nos asfixiaba, en medio de su propio dolor, un sufrimiento que no me atrevo ni a imaginar, ustedes tomaron la decisión más humana, generosa y altruista que existe. Decidieron decir “SÍ DONAMOS”. Decidieron que la última palabra no la tendría la muerte, sino la “VIDA”.

Gracias a su inmensa sensibilidad y nobleza, el corazón de su ser querido sigue latiendo hoy en el pecho de mi hijo, un corazón noble y sano que permite a nosotros tener esperanza y fe.

Cuando nos tocó transmitirle que había alguien especial que quería donar su corazón para que él siguiera viviendo, su cara nos regaló una sonrisa que daba luz a nuestras vidas. Nos han devuelto la vida, sus ganas de vivir, sus sueños y la oportunidad de verlo crecer.

Pero sé que su generosidad no se detuvo ahí; sé que ese acto de amor puro llevó luz a otras familias que, como nosotros, esperaban un milagro en la oscuridad, regalando esperanza a través de otros órganos.

Cuando las noticias nos relatan guerras, problemas humanitarios, hambre y la maldad que a veces guarda el ser humano, nos encontramos algo de esperanza en una persona anónima que nos ofrece la oportunidad de seguir disfrutando de nuestro hijo, latido a latido... “¿qué más se puede pedir?”.

A quienes lean esta carta, les pido que se detengan un segundo a pensar en el milagro de la donación. Ser donante no es solo firmar un papel; es entender que nuestro paso por el mundo puede transformarse en el salvavidas de otra persona. Es sembrar vida cuando parece que ya no queda nada.

No hay mayor acto de empatía, ni mayor legado, que el de ofrecer una segunda oportunidad a quien ya no tenía opciones.

A ustedes, familia donante, les prometo que cuidaremos este milagro cada día de nuestras vidas. Honraremos la memoria de su ser querido en cada risa, en cada meta alcanzada y en cada latido de nuestro hijo.

Su generosidad nos cambió para siempre.

Gracias por elegir la vida. Gracias por ser nuestra luz en nuestra mayor pesadilla.

Con todo nuestro amor y un agradecimiento eterno,

Unos padres que vuelven a respirar vida.