Silvia Gómez Senent, doctora y autora de 'Tu microbiota adolescente en acción', ha visitado La Brújula para conversar sobre el impacto físico y psicológico que tiene el estado de la microbiota, especialmente durante algunas etapas del desarrollo, como la adolescencia, aunque no es la única.
La experta ha comenzado la entrevista definiendo la microbiota como "el conjunto de microorganismos que hay en diferentes partes de nuestro cuerpo". Estos microorganismos no solo están presentes en el aparato digestivo, sino también en los ojos o en el aparato genital.
El eje intestino-cerebro
No obstante, la microbiota intestinal es la más conocida por su influencia en nuestra salud. Su papel cobra especial relevancia durante la adolescencia, una etapa en la que, según ha explicado Gómez Senent, "es la que lleva la batuta". Parte de los cambios de humor que experimentan los adolescentes pueden estar relacionados con ella.
En este sentido, la doctora ha señalado que "se ha visto que hay una relación directa entre esas hormonas y la microbiota". Esta es capaz de generar serotonina y dopamina, por lo que influye en el estado de ánimo y en la irritabilidad. Es lo que se conoce como el "eje intestino-cerebro".
Se ha visto que hay una relación directa entre esas hormonas y la microbiota
Durante la conversación, Marta García Aller ha comparado esta situación con los gremlins: "Si le das de comer lo equivocado, están de mal humor". Una comparación con la que la experta ha estado de acuerdo y que ha aprovechado para explicar que hay determinados alimentos que pueden hacer que los adolescentes se "conviertan en gremlins".
Entre ellos ha señalado los alimentos con mucho azúcar, los ultraprocesados y el alcohol: "Todos esos alimentos que nuestras abuelas ya decían que no podían ser muy beneficiosos". Según ha explicado, una microbiota en mal estado genera metabolitos inflamatorios que pueden provocar tristeza o enfado.
Los carbohidratos accesibles a la microbiota
Frente a estos alimentos, Gómez Senent ha destacado los beneficios de los "carbohidratos accesibles a la microbiota", presentes fundamentalmente en alimentos de origen vegetal, como la fruta, la verdura y los polifenoles. En definitiva, ha defendido una alimentación basada en "todo lo que tiene que ver con una dieta mediterránea saludable".
El consumo de proteínas en adolescentes
La entrevista también ha abordado el consumo de suplementos de proteínas en relación con la actividad física y la asistencia al gimnasio. La experta ha advertido que los extremos no son buenos y ha defendido que "necesitamos una dieta variada, equilibrada y muy colorida". Introducir determinados nutrientes a costa de reducir otros, ha explicado, no resulta beneficioso.
En cuanto a los suplementos de proteínas, ha situado la edad mínima para su consumo en los 16 años "como muy pronto". Además, ha llamado la atención sobre otro problema: en numerosas ocasiones, estos productos incorporan saborizantes con azúcares.
Gómez Senent también ha explicado que los beneficios sobre la microbiota no se consiguen siguiendo durante una semana una dieta basada en batidos detox para después pasar el fin de semana comiendo comida rápida. Su recomendación es aplicar la regla del 80-20: mantener buenos hábitos alimentarios la mayor parte del tiempo, pero dejar también "un margen para los caprichos".
La microbiota en la menopausia
Aunque la adolescencia ha centrado buena parte de la conversación, Gómez Senent ha recordado que la microbiota también desempeña un papel importante en otras etapas de la vida. En particular, ha puesto el foco en la perimenopausia y la menopausia, periodos en los que los cambios en los estrógenos generan metabolitos nocivos.
"La microbiota va envejeciendo a la vez que lo hacemos nosotros", ha señalado. Por eso, ha insistido en la importancia de cuidar la alimentación, realizar ejercicios de fuerza y prestar atención a los suplementos que se toman. Entre ellos, ha destacado la vitamina D, el omega 3, el magnesio y la creatina.
En cuanto a los alimentos que pueden contribuir al cuidado de la microbiota, ha mencionado el aceite de oliva, los frutos secos, los polifenoles, los frutos rojos e incluso el café siempre que nos sea de cápsula o máquina.

