En Estados Unidos hay una máxima que se repite con los años. Cuando sube el precio de la gasolina, cae la popularidad del presidente. Una relación directa que intenta manejar Donald Trump intensificando o templando sus mensajes, consciente de cómo sus palabras afectan a las tarifas.
La historia lo demuestra. En 1979, con el galón de gasolina (casi cuatro litros) en torno a los cinco dólares, la aprobación de Jimmy Carter cayó hasta el 30%. Décadas después, en el verano de 2008, con el galón disparado hasta los seis dólares, George W. Bush se hundió hasta el 25%.
Ahora, el patrón se repite. Hace apenas unos meses, Trump presumía de tener la gasolina por debajo de los 2,30 dólares. Hoy ronda los cuatro. El impacto ha sido inmediato y su popularidad ha caído al 36%, cuatro puntos menos en solo una semana.
El precio del petróleo, el frente más peligroso
El encarecimiento del combustible está directamente ligado a la tensión en el estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas.
Irán ha convertido el precio del crudo en su principal arma. Los ataques a infraestructuras energéticas y el bloqueo de esta vía estratégica han tensionado los mercados y disparado los precios.
A ello se suma una nueva amenaza. La Guardia Revolucionaria iraní ha anunciado que comenzará a atacar empresas estadounidenses en la región, entre ellas gigantes como Microsoft, Google, Apple, Intel, IBM o Tesla.
Trump intenta contener el golpe
Consciente del impacto político, Trump ha tratado de lanzar un mensaje de calma. El presidente asegura que la guerra "no durará mucho más" y que Estados Unidos no permanecerá en la zona durante mucho tiempo.
"No vamos a estar allí mucho más tiempo. Ahora mismo les estamos dando una paliza", afirmó en una entrevista, en la que insistió en que Irán "no tendrá un arma nuclear" y que su capacidad ofensiva está prácticamente destruida.
Además, sostuvo que el estrecho de Ormuz se reabrirá "automáticamente" cuando Estados Unidos abandone la zona, lo que aliviaría la presión sobre el mercado energético. Sus palabras tuvieron un efecto inmediato, y el precio del petróleo cayó con fuerza y las bolsas estadounidenses subieron hasta un 2%
Sin embargo, la evolución del conflicto sigue siendo una incógnita. La Casa Blanca maneja un horizonte de entre cuatro y seis semanas de operaciones militares, un plazo que podría ser determinante.
Trump llegó a la Casa Blanca con la promesa de no involucrar a Estados Unidos en nuevas guerras. Su implicación en el conflicto con Irán, impulsada junto a Israel, choca ahora con ese compromiso.
Y hay un factor que empieza a pesarle. Nada peor que tocar, aunque sea indirectamente, el bolsillo de los ciudadanos. Si el precio de la gasolina sigue subiendo, se le complican más si cabe, las elecciones de medio mandato. Otra cosa es que sea consciente, y no le de importancia.
