Estados Unidos ha lanzado una de sus mayores ofensivas militares en Oriente Medio en décadas. Bajo el nombre de 'Furia épica', Washington ha atacado objetivos estratégicos en Irán en una operación coordinada con Israel que ha disparado la tensión y la amenaza de un conflicto que se extienda por toda la región tras la respuesta de Irán con ataques a varios países del entorno como Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin.
La operación representa la mayor concentración de poder militar estadounidense en la región en décadas, según el propio CENTCOM.
La campaña comenzó en la madrugada del 28 de febrero de 2026, según el Mando Central estadounidense (CENTCOM). El objetivo es el de desmantelar la infraestructura militar iraní y neutralizar amenazas vinculadas a su programa de misiles y su estructura de defensa.
¿Qué es la operación 'Furia épica'?
'Furia épica' es una ofensiva militar a gran escala dirigida contra instalaciones militares iraníes. La operación se lanzó tras un ultimátum del presidente Donald Trump, que dio a Teherán diez días para cumplir con las exigencias de Washington sobre su programa nuclear.
Se han lanzado ataques coordinados de EEUU e Israel contra instalaciones clave como bases navales, centros de mando, sistemas de defensa aérea, nodos de lanzamiento de misiles y drones, y complejos asociados a la Guardia Revolucionaria Islámica.
Fases de la ofensiva
La operación se estructuró en varias etapas. La primera fase consistió en neutralizar los sistemas integrados de defensa aérea y los centros de mando y control iraníes. Se emplearon misiles de precisión lanzados desde aire, tierra y mar. Por primera vez en combate, EEUU utilizó drones de ataque de bajo coste inspirados en los modelos Shahed iraníes.
Israel lanzó en paralelo su propia ofensiva. Según fuentes israelíes, fue la mayor salida operativa en la historia de su fuerza aérea: alrededor de 200 aviones de combate atacaron cerca de 500 objetivos, principalmente infraestructuras de defensa aérea y misiles balísticos.
¿Cuál fue el objetivo?
Los blancos principales fueron instalaciones militares iraníes: depósitos de misiles, bases navales, centros de producción armamentística y estructuras de mando. Al menos uno de los ataques tuvo lugar en las inmediaciones de la oficina del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, en Teherán que resultó muerto en la ofensiva.
Washington sostiene que el objetivo era reducir la amenaza inmediata contra fuerzas estadounidenses y aliados en la región, además de enviar un mensaje inequívoco sobre el programa nuclear iraní.
La respuesta de Irán
Teherán respondió con ataques con misiles y drones. La Guardia Revolucionaria iraní lanzó proyectiles contra bases estadounidenses en Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin.
También se produjeron intentos de ataque contra infraestructuras civiles en Emiratos Árabes Unidos. En Abu Dabi, los restos de un dron interceptado causaron la muerte de una persona y heridas a varias más. Dubái informó de daños menores tras otro incidente.
La escalada obligó al cierre del espacio aéreo en Irán, Israel, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin e Irak. Varias aerolíneas internacionales han suspendido vuelos hacia y desde la región. Emirates, Etihad y Qatar Airways anunciaron cancelaciones temporales, mientras miles de pasajeros quedaron afectados por desvíos y reprogramaciones.
Trump ha defendido la ofensiva como una acción necesaria ante la negativa iraní a frenar su programa nuclear. Desde Teherán, el régimen sostiene que mantiene el derecho a enriquecer uranio y acusa a Washington y Tel Aviv de agresión directa.

