¿Y si Irán, consciente de que iba a ser atacado por Estados Unidos e Israel, hubiera diseñado con antelación un plan de respuesta? ¿Y si ese escenario no estaba contemplado por Donald Trump? Los últimos movimientos en el estrecho de Ormuz están alimentando todo tipo de teorías.
Una de las interpretaciones que empieza a ganar fuerza es que la guerra podría estar generando un efecto inesperado que puede reforzar la posición global de China. Mientras el estrecho de Ormuz permanece prácticamente bloqueado desde el inicio del conflicto, Teherán está permitiendo el paso de algunos petroleros vinculados a Pekín, siempre que el comercio se realice en yuanes y no en dólares.
Datos de seguimiento marítimo muestran que un petrolero con destino a Pakistán logró atravesar el estrecho durante el fin de semana. El buque, el 'Karachi', un petrolero que transporta crudo desde Abu Dabi, cruzó la zona sin incidentes con su sistema de identificación activado. Se trata del primer petrolero no iraní que logra hacerlo desde que comenzó la guerra.
Desde hace más de dos semanas Irán ha atacado varios buques en el Golfo Pérsico, lo que ha provocado el cierre de facto del estrecho, una ruta clave por la que circula cerca del 20% del petróleo y del gas natural licuado del mundo. La interrupción del tráfico ha disparado los precios de la energía y ha elevado la tensión en los mercados internacionales.
La decisión de permitir el paso a determinados barcos apunta a una estrategia más amplia. Según analistas, Irán estaría utilizando el control del estrecho para favorecer a países dispuestos a comerciar en monedas distintas al dólar, lo que podría abrir una grieta en el sistema financiero internacional que domina Estados Unidos desde la crisis petrolera de los años 70.
China lleva años intentando impulsar el uso del yuan en el comercio energético global, y la situación actual podría acelerar ese proceso. Para Pekín, la posibilidad de pagar petróleo en su propia moneda supone una ventaja geoestratégica y financiera de primer orden.
Trump pide ayuda y Europa dice no
Al mismo tiempo, la situación deja en una posición incómoda a Donald Trump. El presidente estadounidense ha pedido a otros países que envíen buques de guerra para garantizar la seguridad del tráfico marítimo y reabrir el estrecho. "Hay muchos países que me han dicho que van de camino", ha asegurado, aunque también ha criticado la falta de entusiasmo de algunos aliados a los que, según recuerda, Estados Unidos ha protegido durante décadas.
Sin embargo, las principales potencias europeas han mostrado escaso interés en participar en una operación militar en la zona. Varios gobiernos consideran que el ataque contra Irán se llevó a cabo sin calcular adecuadamente sus consecuencias.
Mientras tanto, el bloqueo parcial de Ormuz sigue golpeando la economía global y también la estadounidense, con un aumento del precio del combustible.

