IRÁN

Condenada a cuatro años de prisión una cantante iraní por actuar ante un público masculino e incitar a la "corrupción y la prostitución"

La artista iraní Hiva Seyfizadeh, detenida en febrero de 2025 durante un concierto en Teherán, ha recibido una condena por cargos relacionados con la "incitación a la corrupción y la prostitución", según la organización de derechos humanos HRANA. Su caso vuelve a poner el foco sobre las restricciones que afrontan las mujeres en el país de oriente próximo.

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Madrid |

 Un hombre ondea una bandera nacional durante el cortejo fúnebre del Líder Supremo, el ayatolá Ali Jamenei (1939-2026), a través del centro de la ciudad.
Un hombre ondea una bandera nacional durante el cortejo fúnebre del Líder Supremo, el ayatolá Ali Jamenei (1939-2026), a través del centro de la ciudad. | Europa Press / Contacto / Valery Sharifulin

En Irán, subir a un escenario puede convertirse en un acto de desobediencia. Para Hiva Seyfizadeh, una actuación de música tradicional terminó con una detención y ahora con una condena de cuatro años de prisión. La artista fue arrestada mientras ofrecía un concierto en Teherán en el que había hombres entre el público.

La condena ha sido denunciada por la organización Human Rights Activists News Agency (HRANA), que señala que Seyfizadeh ha solicitado que su caso sea revisado mediante un proceso de apelación "independiente y exhaustivo".

El episodio se enmarca en las restricciones que desde hace décadas limitan las actuaciones de las mujeres en Irán y en una etapa de especial presión sobre artistas que han cuestionado públicamente las normas impuestas por la República Islámica.

La actuación que terminó con la detención de Seyfizadeh

Seyfizadeh, cantante de música tradicional y profesora de música clásica, fue detenida en febrero de 2025 durante una actuación en el complejo Rooberoo Mansion, en Teherán. Las autoridades interrumpieron el concierto mientras la artista interpretaba la tercera pieza en solitario. Junto a ella fueron detenidos miembros de su banda.

En aquel momento, la defensa sostuvo que la actuación no contaba con la autorización requerida y que la presencia de hombres en la sala había contribuido a desencadenar la intervención policial. El Ministerio de Cultura iraní confirmó posteriormente la detención de la cantante y de miembros de su grupo y atribuyó el cierre del concierto a la falta de permiso.

Según la información difundida entonces por medios iraníes, las autoridades también señalaron que Seyfizadeh estaba cantando sola. Las restricciones iraníes impiden a las mujeres interpretar canciones en solitario ante públicos mixtos, mientras que las actuaciones femeninas están permitidas bajo determinadas condiciones, entre ellas que el público sea exclusivamente femenino.

La cantante fue puesta posteriormente en libertad bajo fianza.

Una prohibición que afecta especialmente a las mujeres. El caso de Seyfizadeh vuelve a poner sobre la mesa una de las limitaciones más singulares del sistema cultural iraní: las mujeres pueden desarrollar su actividad musical, pero encuentran importantes restricciones cuando se trata de cantar en público.

Las mujeres no pueden actuar como solistas ante un público mixto y las actuaciones femeninas se desarrollan, bajo las normas vigentes, ante audiencias exclusivamente femeninas. La radio y la televisión públicas tampoco emiten actuaciones de mujeres solas.

Estas restricciones no han impedido que algunas artistas hayan buscado espacios alternativos para interpretar y difundir su música, especialmente a través de internet. En los últimos años, algunas actuaciones se han convertido en actos de desafío abierto a estas normas.

El precedente de Parastoo Ahmadi

Uno de los casos más conocidos es el de la cantante Parastoo Ahmadi. En diciembre de 2024 difundió en YouTube un concierto grabado en un caravasar iraní en el que apareció sin velo y cantó acompañada por músicos hombres, aunque no había público presencial.

La actuación se convirtió rápidamente en un fenómeno en internet y las autoridades iniciaron acciones contra la artista.

En junio de 2026, un tribunal iraní condenó a Ahmadi a 74 latigazos y a una prohibición de ejercer actividades artísticas y salir del país durante dos años por aquella actuación. El caso fue presentado por organizaciones de derechos humanos como un nuevo ejemplo de las restricciones que afrontan las mujeres artistas en el país.

La diferencia entre ambos casos resulta significativa: mientras Ahmadi desafió públicamente las restricciones a través de una actuación sin velo difundida por internet, el caso de Seyfizadeh está vinculado a una actuación presencial ante un público en el que había hombres.

La música como espacio de protesta

La persecución de Seyfizadeh también coincide con el papel que algunos músicos han desempeñado en las protestas iniciadas tras la muerte de Mahsa Amini en 2022. La joven murió después de ser detenida por las autoridades por cuestiones relacionadas con el uso del velo. Su muerte desencadenó las protestas del movimiento "Mujer, Vida, Libertad", que se extendieron por todo el país.

Seyfizadeh apoyó aquellas movilizaciones y difundió en redes sociales canciones en las que aparecía con el cabello descubierto. Su actividad artística quedó así vinculada también a una expresión de oposición a las normas impuestas a las mujeres.

El endurecimiento de la presión sobre artistas no se ha limitado a las cantantes. El rapero Toomaj Salehi, por ejemplo, fue condenado a muerte por su actividad vinculada a las protestas, aunque posteriormente esa pena fue retirada y el músico quedó en libertad.

Un conflicto que continúa entre las autoridades y los artistas

El caso de Hiva Seyfizadeh refleja una tensión que continúa abierta en Irán: la que enfrenta las restricciones impuestas por las autoridades a la expresión artística y los intentos de músicos y creadores de ampliar los límites de aquello que pueden hacer públicamente.

La detención de la cantante en 2025 ya había provocado atención internacional. Un informe sobre la situación de la música en Irán publicado en 2026 recoge su arresto como parte de una presión más amplia sobre las cantantes, y señala que fue detenida mientras interpretaba una canción en un concierto en Teherán.

Ahora, con una condena de cuatro años de prisión y una apelación pendiente, su caso vuelve a situar a una mujer artista en el centro del debate sobre las libertades culturales en la República Islámica.

La música, en este contexto, vuelve a ser mucho más que música: para algunas artistas iraníes, cantar en público se ha convertido en una forma de reivindicar un espacio que las leyes y las normas sociales todavía les niegan.