Ayer acabó el proceso de solicitud de regularización de los inmigrantes, el séptimo de los últimos 40 años. El Gobierno calculó que beneficiaría a unas 500.000 personas. Han sido más del doble las solicitudes. Lo que confirma el desconocimiento de cuánta gente vive en España que tenían tanto el Ejecutivo central como las autonomías. Y, sin saber cuántos somos, es difícil calcular los servicios públicos que necesitamos. Claramente, necesitamos más. Y mejores.
Para ello puede ayudar sacar de la sombra a cientos de miles de personas que ya vivían y trabajaban en España, que ya estaban aquí pero sin papeles, que ya trabajaban aquí pero sin contratos ni tributos, que ya educaban a sus hijos aquí pero sin igualdad de derechos, que ya contribuían al crecimiento de la economía española pero sin que el sistema reconociera su existencia. Porque las personas que han solicitado la regularización, conviene recordarlo, ya vivían en España, pero no podían pagar impuestos ni beneficiarse ni contribuir con normalidad al estado de bienestar.
En España viven más de 10 millones de personas que han nacido en otro país. Y su contribución no solo es al PIB, pero también. La AIReF calcula que la regularización aportará 0,07 puntos del PIB en cotizaciones solo durante el primer año, unos 1.300 millones de euros. Y recuerda que la llegada de inmigrantes seguirá siendo fundamental para sostener las pensiones a largo plazo.
Pero para eso hace falta que el plan de regularización vaya acompañado de una inversión mejor calculada en los recursos públicos. Y muchas asociaciones que ayudan a inmigrantes a regularizar su situación en España llevan semanas advirtiendo de que el proceso se ha hecho de forma lenta e improvisada, con pocos recursos y falta de coordinación y transparencia. De hecho, el proceso anda colapsado.
Ayer, Sánchez presentó el plan de Integración con 505 millones de euros. No parece que esa cifra llegue a tiempo de otorgar todos los recursos necesarios para la integración real de más de un millón de personas que el Estado no sabía que tenía. Pero, al menos, de momento, muchos podrán salir de la economía sumergida.
¿Moraleja?
La regularización
da dignidad a la inmigración

