El primero que habló de una conspiración para tumbar al Gobierno fue el ministro Óscar Puente, tras la entrada de la UCO en Ferraz de la semana pasada. Habló de que hay mucha gente en esta sociedad que ve en ese registro "métodos no democráticos".
Lo que este ministro por lo visto no ve es mucha gente en esta sociedad que está esperando explicaciones de por qué está imputada la gerente del PSOE y por qué el PSOE dijo no conocer de nada a Leire Díez, la de las cloacas socialistas, y según la UCO tuvo veintitantas reuniones con Cerdán ¡en Ferraz! De eso no ha dado todavía explicaciones ningún portavoz socialista una semana después.
Esta tampoco está esta entre las casualidades que escaman a otro ministro, Óscar López, al que todo lo que hacen los jueces que investigan al PSOE le parece sospechoso, una extraña coincidencia. ¿Y cómo de sospechoso le parece que en el PSOE hayan pasado de decir que no conocen de nada a la presunta ex militante rasa Leire Díez, ni fontanera ni cobarde, a de repente reconocer que no fueron 15.000 euros sino 45.000 lo que le abonaron hace una década?
En Ferraz denuncian también una doble velocidad en los casos que afectan al PSOE. No queda claro si lo que le molesta es la lentitud en perseguir los casos contra el PP o la rapidez en investigar al PSOE. Entre tanto, el CGPJ ha emitido un comunicado en el que se dice preocupado por las críticas de miembros del Gobierno a actuaciones judiciales. No cita a los ministros por su nombre, no hace falta. Y el Gobierno responde que respeta al CGPJ y, por supuesto, la independencia judicial. Pero que respalda también a los ministros que atacan al poder judicial.
La libertad de expresión incluye la libertad de incoherencia: el Gobierno denuncia ser víctima de una conspiración judicial al tiempo que presume de respeto profundo a la Justicia. Alimentar conspiraciones que generen una duda difusa que empape todo el sistema, muy respetuoso, la verdad, no parece.
¿Moraleja?
El Gobierno ve conspiraciones
para no dar explicaciones
