Martina Calvo ha hecho historia al convertirse, con 18 años, en la jugadora más joven en ganar un torneo profesional de pádel. Lo logró en Londres junto a Claudia Fernández, imponiéndose en la final a Brea y Triay, después de haber perdido ante ellas la semana anterior en Pretoria. De regreso a Pamplona, Calvo reconoce que todavía está asimilando el alcance de su victoria. “Estaba un poco en esa nube” y los mensajes y noticias recibidos posteriormente le han permitido tomar conciencia de lo conseguido. Su entorno, explica, ha sido fundamental para mantener los pies en el suelo.
Clave: la mentalidad
La revancha ante las número uno tuvo un componente especialmente mental. Tras la derrota anterior, la pareja corrigió errores y afrontó la final convencida de sus posibilidades. Para Calvo, la clave estuvo “más de cabeza que de técnico-tácticas”, especialmente por la exigencia de enfrentarse a las mejores. Aunque sabía que podía convertirse en la campeona más joven de la historia, ese récord no fue su prioridad. “Yo quería jugar bien y si jugaba bien sabía que iba a tener posibilidades”, explica. Ahora, su objetivo pasa por seguir creciendo y no modificar su rutina: “Mis objetivos siempre han sido los mismos, que es mejorar”.
Número 1 del mundo
Calvo no oculta que aspira a ser número uno mundial, aunque es consciente del trabajo que requiere. Para alcanzar ese nivel considera imprescindible cuidar todos los aspectos: entrenamiento, preparación física, alimentación, descanso y, sobre todo, la mentalidad. “Disfrutar del camino creo que es lo más importante”, afirma. La navarra comenzó a jugar al pádel con cuatro años, impulsada por sus padres. Su filosofía se resume en una idea: “El trabajo es la clave, el éxito”. Paralelamente, defiende la importancia de los estudios y asegura que “hay tiempo para absolutamente todo” si se es organizada. Tras terminar Bachillerato y la Selectividad, estudiará Fisioterapia.
