El panadero pamplonés Iker Oroz ha sido reconocido con el premio al Mejor Pan de España en el marco de la feria Alimentaria celebrada en Barcelona. Un logro que, según él mismo reconoce, supera todas sus expectativas: desde ser seleccionado para la semifinal hasta alzarse con el galardón, el proceso ha sido una auténtica sorpresa.
El camino hasta la final comenzó meses atrás, cuando presentó su candidatura al certamen. Tras ser seleccionado, tuvo que enfrentarse a uno de los mayores retos logísticos: presentar un pan en perfectas condiciones en Barcelona, pese a la distancia. La solución llegó gracias a su red de contactos profesionales, que le permitió terminar de hornear el pan en la ciudad condal, asegurando así la calidad del producto.
El pan con el que compitió es el mismo que elabora diariamente en su panadería Anik, situada en el barrio de Mendebaldea en Pamplona, aunque adaptado a los requisitos del concurso en cuanto a tamaño. Este detalle refleja una de las claves de su éxito: la coherencia entre su trabajo diario y el producto presentado a competición.
Oroz defiende que, aunque el pan se compone de ingredientes sencillos —harina, agua y sal—, su elaboración es compleja. Factores como la temperatura, la humedad o los tiempos de fermentación influyen decisivamente en el resultado final. Para él, la clave está en respetar los procesos, apostar por fermentaciones largas y mantener la regularidad diaria, algo especialmente difícil en panadería.
Su trayectoria profesional también está marcada por una experiencia personal. Problemas de salud le llevaron a replantearse el tipo de pan que consumía y elaboraba. A partir de ahí, apostó por un pan más natural y digestivo, lo que no solo mejoró su bienestar, sino que definió la filosofía de su negocio.
Actualmente, la panadería Anik vive un momento de gran demanda, hasta el punto de agotar existencias a diario. Este crecimiento ha impulsado la apertura de un segundo local en Pamplona, donde seguirán apostando por un modelo artesanal y cercano.
Otro de los pilares de su proyecto es el uso de materias primas de proximidad. Oroz trabaja con cereales ecológicos cultivados en Navarra, que él mismo muele con molino de piedra, incorporando estas harinas a sus elaboraciones. Además, el premio incluye mil kilos de harina tradicional zamorana, un producto que ya utilizaba y que valora por su calidad certificada.
El reconocimiento cobra aún más relevancia por el nivel del jurado, compuesto por expertos internacionales del sector. Para Oroz, competir junto a referentes a los que admiraba y de los que incluso posee libros, ha sido una experiencia tan importante como el propio premio.
