Entrevistas en Más de uno Pamplona

‘Las ciegas hormigas’, un western de costa que reivindica la dignidad frente a la adversidad

El director de cine Igor Legarreta nos presenta la adaptación cinematográfica de la novela de Ramiro Pinilla, ganadora del Premio Nadal en 1960. El cineasta reivindica la vigencia de una historia ambientada en los años treinta que habla de supervivencia, pobreza energética y dignidad.

Marisa Lacabe

Pamplona | Iruña |

Las ciegas hormigas

El director de cine Igor Legarreta ha llevado a la gran pantalla "Inurri Itsuak" (Las ciegas hormigas), una adaptación de la novela que Ramiro Pinilla publicó en 1960 y que obtuvo el Premio Nadal. Hemos hablado con él, junto a Samuel Arrubla en "Más de uno Pamplona". Legorreta ha explicado descubrió la obra hace seis años y quedó fascinado tanto por la historia como por los escenarios en los que transcurre, en la costa vizcaína que conoce bien desde su infancia. Considera, además, que el escritor y su novela no han recibido todo el reconocimiento que merecen.

La película narra la lucha por la supervivencia de una familia humilde en los años treinta, marcada por la pobreza y las dificultades para salir adelante. La llegada de un barco cargado de carbón representa una oportunidad para mejorar sus condiciones de vida, calentarse durante el invierno y combatir el frío. En paralelo, los sueños y las esperanzas de los personajes se entrelazan con la dureza del entorno.

Uno de los elementos más destacados del filme es la tormenta, que adquiere un importante significado metafórico. Para rodar las escenas nocturnas bajo la lluvia, el equipo construyó un gran decorado que permitía recrear durante el día la oscuridad, el viento, la niebla y la lluvia. Un trabajo técnico que, según Legarreta, buscaba que el espectador no distinguiera entre los espacios construidos y los exteriores reales.

El director define la película como un «western de costa», un género en el que el territorio no es un mero escenario, sino un elemento que condiciona la vida y el carácter de sus habitantes.

Aunque la historia se desarrolla hace casi un siglo, Legarreta encuentra paralelismos evidentes con la actualidad, especialmente en la pobreza energética y en las dificultades de muchas personas para afrontar el coste de la calefacción. Por encima de todo, destaca el mensaje de dignidad: incluso en las circunstancias más adversas, hay algo que no se puede arrebatar a las personas.

Rodada principalmente en euskera, con diálogos también en castellano y subtítulos en castellano para facilitar su comprensión, la película reivindica la fuerza universal del cine y de una historia que continúa vigente.