Escuchar al barrio fue el punto de partida. En una mesa intersectorial de infancia del Área VII de Salud, donde confluyen profesionales de la salud, la educación y los servicios sociales, surgió la idea que daría forma a 'Raíces y Alas', un programa de conexiones intergeneracionales impulsado por enfermeras de Atención Primaria que combate la soledad no deseada uniendo a niños y personas mayores.
La enfermera María José Galiana, una de sus principales impulsoras, ha explicado en Tiempo de enfermeras, el espacio del Colegio de Enfermería de la Región de Murcia, cómo nació esta iniciativa a partir de una experiencia previa de unas profesoras del colegio Barriomar con personas mayores del centro social de la zona. La propuesta, señala Galiana, respondía a una necesidad compartida, la de niños en situación de vulnerabilidad, muchos de ellos sin referentes adultos ni abuelos en España por proceder de otros países, y la de mayores que en ocasiones pasaban semanas sin hablar con nadie.
Dos cursos consolidando vínculos
El programa conecta desde hace dos cursos completos al colegio Barriomar y al Centro Social de Mayores de Murcia 1. Lo que comenzó como una experiencia puntual (dos talleres) se transformó, gracias al impulso de la enfermera escolar Carmen Jiménez, en un proyecto protocolizado con sesiones mensuales o bimensuales a lo largo de todo el curso.
Los participantes, niños de quinto y sexto de primaria de entre 11 y 12 años, han desarrollado con los mayores una relación que la enfermera describe como profundamente emotiva. Se reconocen, se echan en falta entre sesión y sesión, se cogen de la mano y se esperan. Mientras los pequeños escuchan con atención las "batallitas" de sus mayores, estos encuentran en ellos algo que muchas veces echaban en falta, sentirse escuchados y vistos.
Recuperar la ilusión y el sentido de pertenencia
Los efectos en las personas mayores, según explica Galiana, van más allá de lo anecdótico, recuperan la ilusión de sentirse útiles, mejora su estado de ánimo y refuerzan su sentimiento de pertenencia a la comunidad. La enfermera subraya un matiz importante, el aislamiento que sufren muchos mayores no siempre responde a la falta de compañía, sino a la sensación de no sentirse vistos.
El programa ha dejado historias que ilustran ese intercambio, como los talleres de tecnología en los que los niños ejercitaban la paciencia mientras los mayores se iniciaban en el manejo del ordenador, o los encuentros en los que compartían canciones y juegos de otra época. Las despedidas, relata Galiana, están cargadas de abrazos y cariño, un vínculo especialmente significativo para los niños que no tienen abuelos en el país.
