Hoy venía pensando en… el eclipse valencianista.
No se habla de otra cosa hoy. Bueno hoy y desde hace unos días. Del eclipse. Un fenómeno que no se ve todos los año y menos desde España, bien merece ser noticia. No en vano desde 1912 no se ve un eclipse solar total desde la Península Ibérica. Pero traslademos este fenómeno de hoy al deporte y más en concreto al Valencia.
Imaginemos que el sol es el Valencia. Esa estrella que brilla, la que, como el sol, nos da vida a todos los valencianistas. Una estrella compuesta por su afición, sus leyendas, su historia, su prestigio tanto nacional como internacional, sus títulos… La hemos visto brillar en Mestalla en tardes y noches de ensueño.
Imaginemos que la luna es Peter Lim. Ese astro que de la mano del dúo Salvo-Aurelio se cruzó en el camino del sol. Fue en 2014. Primero se produjo un eclipse parcial. Más tarde, allá por 2019 se tornó en total. El Valencia, el sol, tapado por Peter Lim, la luna, dejó de brillar. Y son ya siete años de eclipse. Siete años sin ver la luz son muchos años.
Dicen que en un eclipse no hay que mirar al sol, que te puedes quedar ciego. En este no. Pese a todo seguimos mirándolo con la esperanza de que esa oscuridad, ese silencio, esas tinieblas se acaben. Seguimos llenando Mestalla domingo a domingo pensando que un día volverá la luz a nuestras vidas de valencianistas. Porque algo dentro de nosotros nos dice que como cualquier eclipse, no puede ser eterno. Que el sol, el Valencia volverá.
Y habrá quien, pasados estos siete años de oscuridad, crea que nunca volverá. Pero como sucede en cualquier eclipse la luna podrá tapar el sol pero nunca destruirlo. Aunque no lo veamos el sol sigue estando ahí. Esperando su momento. El Valencia, sigue estando ahí. Su afición, su prestigio, su historia, sus leyendas, sus títulos… siguen estando ahí. Y volverán. Solo hay que dejar pasar la luna, que Lim se vaya, para que este reino de tinieblas se acabe y nos devuelva la vida a todos los valencianistas…

