Circular desde Vall d’Uixó hasta Sueca sin tener que pasar por València. Ese fue el ‘sueño’ que transmitió el entonces conseller de Infraestructuras, José Ramón García Antón, cuando en septiembre de 2006 presentó el proyecto de construcción de la autovía autonómica Cv-50. La idea era desdoblar con dos carriles por sentido la actual carretera con el fin de crear un segundo ‘baipás’ de València que uniría por el interior la A7 entre Vall d’Uixó y Sueca, pasando por la CV-35 a la altura de Lliria y por la A3 en Chiva.
El objetivo era facilitar la conexión entre el centro peninsular y el interior de la Comunitat Valenciana porque ya no habría que pasar por el área metropolitana de València. Sin embargo, dos décadas después el nivel de ejecución de la obra sigue muy lejos de ese objetivo.
La intención inicial de la Generalitat es que la autovía CV-50 costara alrededor de 400 millones euros financiados mediante una concesión durante 30 años con la fórmula del ‘peaje en sombra’. Debía haber entrado en servicio en 2011 pero actualmente la infraestructura se asemeja más a un puzle inconcluso que a la gran autovía autonómica que se prometió. La crisis económica de 2008 primero, y después los graves daños provocados por la dana de octubre de 2024, han frenado su ejecución. Hoy en día solo están operativos dos pequeños tramos: uno de 4 kilómetros desde la CV-35 a la altura de Benisanó hasta Benaguasil; y los dos kilómetros de enlace con la A7 en l’Alcudia.
Ronda de Vilamarxant
Actualmente el ‘tapón’ de Vilamarxant es el punto más caliente de la CV-50. La carretera cruza el casco urbano del municipio y registra un tráfico inasumible de más de 11.600 vehículos diarios. La Conselleria de Medio Ambiente, Infraestructuras y Territorio ha aprobado la primera fase de la esperada Ronda Oeste de Vilamarxant con una inversión inicial de 13,6 millones de euros (de un total de 23 millones), con el objetivo de licitar las obras este mismo año 2026. Este proyecto tuvo que reformularse por completo tras las riadas de 2024 para modificar su viaducto sobre el barranco de Teulada.
Veinte años después de aquellos mapas que dibujaban una vía rápida que cruzaría la provincia de Valencia de norte a sur, la realidad de la CV-50 está muy lejos del plano original. Aunque la Generalitat está reactivando las licitaciones bajo un formato de inversión por fases más realista, los vecinos y conductores de las comarcas del interior siguen conviviendo con travesías urbanas saturadas, camiones en sus calles y la promesa, todavía sobre el papel, de ver terminada su carretera.

