No seré yo quien cuestione las carencias del sistema educativo actual. Pueden leer mis artículos desde hace años al respecto. El estrés del profesorado es real e inimaginable para quienes están ajenos a la escuela. El empoderamiento del alumnado, la presión de las familias y la falta de esfuerzo ligada al abaratamiento del aprobado a veces convierten las aulas en un cóctel explosivo. Esto es verdad y es necesario darle una solución global, ¡y no solo para la escuela pública! Sin embargo, los sindicatos educativos, ¿a quién le montan una huelga indefinida y sin precedentes? ¿Es que el Ministerio de Educación no tiene nada que ver en este caos? ¿Es que el gobierno central no tiene nada que ver en todo esto? Sorprende, más que sorprende, que las huelgas lleguen cuando gobierna el PP en la Comunidad Valenciana y, si antes gritaban Mazón dimisión, ahora las movilizaciones avanzan al ritmo de Pérez Llorca dimisión. Critican al presidente de la Generalitat por denunciar una huelga con tintes políticos. ¿Es que alguien lo duda?
Como decía, es más que justo exigir una disminución de la ratio en las aulas, pero ¿qué gobierno anterior avaló el número de alumnos que tenemos actualmente? ¿Qué ley educativa ha convertido esas aulas en una selva? ¿Es que acaso la LOMLOE no la impuso la ministra Celaá con el silencio de quienes hoy hacen las huelgas? ¿Y qué gobierno está permitiendo una sobresaturación de alumnado extranjero en los centros? Esto es vox populi entre todo el profesorado que se irrita al comentarlo, pero, sin embargo, no aparece reflejado por ninguno de los demandantes, porque denunciarlo no es políticamente correcto. Nuestras aulas parecen trenes en horas punta que, cuando se cree que no entra nadie más, todavía siguen llegando para apretarse entre todos. Es imposible que las ratios se respeten si el goteo es constante y, quizás, necesario para nuestro país, ¿pero de quién es la responsabilidad de esto? ¿Solo de Pérez Llorca?
También se exige más profesorado y refuerzo de plantillas. Pero, ¿acaso alguien desde los centros públicos levanta la voz para denunciar el reguero de bajas inexplicables que sufre la escuela? El número de variadas depresiones y problemas de salud entre los docentes se acerca a lo inasumible por un sistema serio. ¿También es esto culpa de la Generalitat Valenciana y del gobierno actual?
¿Y en el reclamo de las infraestructuras? ¿Todos los centros están en barracones? ¿De verdad? ¿Todos los centros tienen infraestructuras deficientes? ¿Todos? ¿No hay acaso inversión en la escuela pública o es que el gobierno del PP en dos años dejó de invertir y de la noche a la mañana todo ha cambiado? ¿Es que no estaban esos mismos barracones hace dos años? Cuando escucho a los demandantes a veces siento que se trata de un cajón desastre donde cada uno demanda lo que le conviene, sin mesuras. Y es entonces aquí cuando aparece el leimotive de siempre, el ensañamiento ancestral contra la escuela concertada, la que soporta con muchísimos menos medios y presupuesto al 30% del alumnado y con gran demanda de las familias. ¿Por qué acaso ningún gobierno socialista se ha deshecho de estos centros? ¿Por qué no se atreven? Pues porque les sale mucho más rentables.
¿Y la mejora salarial? También es justo demandarla, claro que sí, pero vuelvo a lo mismo: ¿es que el gobierno anterior pagaba más? ¿Es que el resto del sector público no será el siguiente en demandar lo mismo? ¿Es que acaso el resto de los miembros de la Generalitat no tienen los sueldos congelados y no sufren la inflación como todos los demás?
No obstante, a todo esto, la Conselleria d’Educació está obligada a intentar negociar y ayudar a resolver este conflicto docente, porque las demandas son reales, la mayoría justas y el problema educativo es acuciante. Sin embargo, tener secuestrado al alumnado sin clases sin ceder en el totum revolutum de exigencias, ni ayuda a la escuela ni a la imagen de un profesorado que busca legítimamente lo que es justo y no dar la imagen de que se hace mucho ruido porque es una forma de hacer política.
