La llegada del otoño transforma cada año el paisaje sonoro de la Serranía de Cuenca. Es tiempo de berrea, el periodo reproductivo del ciervo en el que los machos emiten sus característicos bramidos para atraer a las hembras y marcar su presencia frente a otros ejemplares.
El fenómeno suele concentrarse aproximadamente entre mediados de septiembre y las primeras semanas de octubre, convirtiendo diferentes puntos de la Serranía en lugares especialmente atractivos para la observación de fauna.
Este 2026, sin embargo, la temporada está siendo atípica. El calor y la falta de lluvias han retrasado la actividad de los animales, según explica Rubén Crespo, responsable de Ecocultura Serrana. La pasada semana apenas se escuchaban ejemplares, aunque durante los últimos días la actividad ha comenzado a aumentar.
Los mejores momentos para observar y escuchar a los ciervos son el amanecer y el atardecer. Crespo recomienda buscar espacios tranquilos y mantener la distancia para no alterar el comportamiento de los animales.
Entre los errores más frecuentes de quienes acuden por su cuenta se encuentran hacer demasiado ruido, formar grupos numerosos, utilizar ropa muy llamativa o perfumes intensos. La recomendación pasa por guardar silencio, acudir en grupos reducidos y utilizar ropa y calzado adecuados para el monte.
La berrea se ha convertido también en un recurso para el ecoturismo de la provincia. Ecocultura Serrana organiza salidas interpretativas en las que, además de observar a los animales mediante prismáticos y telescopios, se explican cuestiones relacionadas con la botánica, el paisaje y los usos tradicionales de los montes.
El proyecto, que se acerca a su primer año de actividad, ofrece también senderismo interpretativo, rutas relacionadas con la biodiversidad y actividades en espacios menos conocidos de la Serranía y el Alto Tajo. Con la llegada de noviembre, la oferta deja atrás la berrea para incorporar experiencias relacionadas con productos y oficios como la trufa negra y el mimbre.

