SALSEO EN EL MUSEO

Halloween tiene raíces europeas y Mallorca ya celebraba su propia noche de las ánimas

La museóloga Aina Ferrero descubre en una nueva entrega de ‘Salseo en el Museo’ el origen celta de Halloween y recuerda tradiciones mallorquinas como iluminar calabazas para guiar a los difuntos, dejarles comida en la mesa o regalar 'rosaris ensucrats'.

Redacción | Elka Dimitrova

Mallorca |

Aina Ferrero, nuestra "museóloga" en Onda Cero para otra entrega de 'Salseo en el museo'

¿Y si Halloween no fuera una tradición importada de Estados Unidos? ¿Y si las calabazas iluminadas, que hoy asociamos a esta celebración, ya formasen parte de las costumbres de Mallorca? La nueva entrega de la sección ‘Salseo en el Museo’, con la museóloga Aina Ferrero en los micrófonos de Onda Cero Mallorca, invita a mirar más allá de los disfraces y las calabazas para descubrir la historia que hay detrás de una de las noches más populares del calendario.

Ferrero sitúa el origen de Halloween hace unos 2.000 años, en las antiguas comunidades celtas de Irlanda, Reino Unido y el norte de Francia. Aquellos pueblos celebraban el Samhain el 31 de octubre, coincidiendo con el final de la temporada de cosechas y la llegada de la parte más oscura del año. Según sus creencias, durante esa noche se estrechaba la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos, por lo que se utilizaban máscaras y disfraces para ahuyentar o despistar a los espíritus.

Con la cristianización, estas celebraciones se fueron vinculando al Día de Todos los Santos y al Día de los Difuntos. Siglos después, durante el XIX, los inmigrantes irlandeses y escoceses llevaron sus tradiciones a Estados Unidos. Allí se popularizaron elementos como las calabazas decoradas y el conocido ‘truco o trato’, relacionado con antiguas costumbres medievales de pedir limosna.

Mallorca también iluminaba calabazas para recibir a sus difuntos

Uno de los aspectos más sorprendentes de la conversación es que algunas de las costumbres que hoy parecen importadas ya existían en Mallorca. La noche del 31 de octubre se conocía tradicionalmente como la Nit de ses Ànimes o Nit de ses Animetes, una fecha en la que se creía que los antepasados regresaban a visitar a sus familias.

Para iluminarles el camino de vuelta a casa, se colocaban calabazas con luz en su interior. También se dejaba un plato en la mesa para que los difuntos pudieran comer y se escondían dulces por la casa para que los niños los encontraran, convencidos de que se los habían dejado sus familiares fallecidos.

De esta tradición de endulzar la celebración proceden también los rosarios 'ensucrats', que se regalaban a los niños, y los 'panets de mort', unos dulces con forma de momia cuya receta se ha recuperado gracias al trabajo de hornos tradicionales como Forn de sa Cova, según se recuerda en la entrevista.

Los museos también conservan lo que no se puede tocar

Ferrero pone el foco en la importancia de preservar estas costumbres y recuerda que los museos no solo conservan objetos físicos, como cuadros, esculturas o máquinas. También tienen la misión de proteger el patrimonio inmaterial: las tradiciones, los relatos y los conocimientos que pasan de generación en generación.

En Mallorca, una de las referencias en este ámbito es el Museu de la Paraula, la Casa Rafel Ginard, en Sant Joan, gestionado por la Fundació Mallorca Literària. Su cometido es preservar y difundir el patrimonio oral y las tradiciones populares de la isla.

La museóloga anima a acercarse a este espacio y a participar en sus actividades para conocer mejor la Nit de ses Ànimes y todo lo que esconde esta tradición. Una invitación a celebrar Halloween, Todos los Santos o el Día de los Difuntos sin olvidar que detrás de estas fechas hay siglos de historia y un patrimonio mallorquín que merece seguir vivo.