Y eso que Tami no es viajera. Casi no se había movido de Santiago de Chile cuando decidió seguir los pasos de su madre e ir a probar suerte en Canadá. El destino quiso que se interesase por hacer un voluntariado, y eligió como destino el norte de España. De Gijón había visto unas pocas fotos, y cuando llegó a la estación de los Alsas hubo un momento que dudó...No quería vivir en una ciudad. Le gustaba el ritmo de sitios más pequeños, sin tanto tráfico, sin tanto turista, sin tantas prisas. El shock duró poco, porque en cuanto el taxi la llevó a una zona más rural, al hotel donde realizaría el voluntariado, todo cambió. Gijón empezó a ser una opción y acabó haciendo que Tami cambiase sus planes. Ya no volvería a Canadá. Y quiere quedarse indefinidamente aquí.
Que Gijón sea una ciudad pequeñita ayuda. "Es hogar" dice. Y haber encontrado a un grupo de gente afín ayuda. No echa muchas cosas de menos de Chile (su familia y su gente) y menos de Canadá y sus -17 grados en invierno. Le gustan las sendas que tenemos en la ciudad que nos llevan por la costa, el mar, la montaña. Aunque al principio su familia no entendía ni qué era ni dónde estaba Asturias (y todo lo que pasaba en España les sobresaltaba) ahora todo su círculo nos conoce bien. Tami cree que en Gijón tenemos "normalizado lo lindo", pero nos asegura que tenemos mucha suerte de vivir aquí. En sus poco más de 2 años que lleva en la ciudad ha aprendido que nos gusta la comida contundente y ella, como repostera, da el visto bueno a la gastronomía asturiana.
Hay veces que la vida se empeña en decirte que no sigas un camino. Otras veces no paran de mandarte señales para que sí lo sigas. Y Tami hizo caso a las señales que le decían que Gijón era su sitio.
