Viajar a China puede suponer una aventura dependiendo el destino escogido. Luis Tobajas abre su Desafío Viajero a un punto situado cerca de Xian y del mausoleo de Qin Shi Huang donde se pueden ver los guerreros de terracota. Ahí se encuentra una montaña que es considerada como “una de las cinco montañas más singulares sagradas de China. Es una zona tremendamente vinculada al taoísmo y desde ahí nos vamos a dirigir a unos 2.154 metros de altitud. Nos vamos al Monte Huashan para recorrer las pasarelas de las Tablas”, explica Tobajas.
Para acceder al Monte Huashan, Luis Tobajas indica que hay que iniciar un ascenso a través de un funicular que dirige al conocido Pico Oeste y de ahí, un recorrido de unos cuatro kilómetros “entre barrancos, bosques, paredes de roca, montañas encadenadas y una niebla constante entre cumbres tremendamente afiladas” y llegado un momento, se cruza la denominada Planch Road o Plank Walk. Se trata de “unas maderas de unos 30 centímetros pegadas a la pared de la montaña sin barandilla y con 2.000 metros de caída”.
Para este recorrido se cuida mucho la seguridad y se va equipado de arneses y mosquetones para in anclándose a una cadena metálica que hay sujeta en la propia roca. “Se avanza cambiando mosquetones tramo a tramo, sin barandillas”, asegura Luis quien indica que hay momentos en los que “puede haber demasiado tránsito”. Nuestro aventurero de Desafío Viajero estuvo entrenándose durante meses realizando vías ferrata y mucha visualización, intentando memorizar cada tramo del camino.
Se trata de una experiencia única y que no todo el mundo culmina, ya que hay quien sufre ataques de pánico o, como le pasó a Luis en su expedición, que llueva y no permitan el acceso, ya que se trata de una zona muy resbaladiza. Aunque las vistas del paisaje no se las pudieron quitar, ya que desde la zona de colocación de arneses se tienen las mismas vistas que desde la pasarela
Aún así, Luis Tobajas explica que es una montaña sagrada y “ella había decidido por mí, si la montaña no me había permitido conquistarla de alguna forma, eso era una lección”. A lo que añade que “es una zona taoísta donde todo consiste en fluir, en no forzar, en no tratar de dominar la montaña, en respetar el ritmo de la naturaleza. Yo iba con la intención, de demostrarme a mí, al mundo o no sé a quién, el ser más valiente que nadie. Lo que aprendí es que desde el lugar en el que estaba, lo majestuoso del lugar ya lo estaba viendo. Lo que me quitó la montaña fue, tal vez, esa vanidad, esa necesidad de demostrar que yo era valiente y que podía superar mis propios miedos”.
