Opinión
Hoy nos llega este espacio semanal con el título La hora del esfuerzo común y dice así: Los daños de todo tipo generados por esta terrible pandemia, alcanzan proporciones gigantescas. La expansión y letalidad del patógeno son enormes. Las desgracias personales, familiares y sociales son también colosales.Y a esos efectos negativos hay que sumar los estragos que la pandemia está ocasionando en la economía y hasta en el tejido político e institucional de nuestro país. Los daños, por tanto, son inmensos, y las necesidades de los ciudadanos son enormes. Nada será igual en adelante. Por ello mismo ningún Gobierno, y mucho menos la quebrada coalición de Sánchez e Iglesias, puede dedicarse en solitario a la gigantesca tarea de restañar las profundas heridas que la pandemia está causando en el cuerpo social, económico y político de España. En consecuencia, y en especial para los españoles, es la hora de la unidad, del esfuerzo común. La hora de apartar ideologías individuales y partidistas y sustituir los egoísmos particulares por un programa político común y consensuado para emprender la reconstrucción del Estado sobre las cenizas que queden cuando la Medicina venza al coronavirus. Sé que, tratándose de españoles, es pedir mucho. Es esperar que cada partido renuncie, en defensa del interés general, a su protagonismo, y, en su lugar, tienda puentes con los demás para rescatar a este país y sus habitantes. Es casi soñar, lo sé. Pero la inteligencia y el civismo nos enseñan que soñar es un deber moral para cambiar particularismo por patriotismo en una hora crucial para la convivencia patria. Un Gobierno como el actual -de tics autoritarios- no puede, en solitario, arrostrar la energúmena tarea de revertir los daños que el azote vírico ha causado a la empresa, los servicios públicos y el empleo. Han bastado quince días de marzo para destrozar la Legislatura. En consecuencia, el Partido socialista debe regresar al constitucionalismo y finalizar sus peligrosas amistades con separatistas, filoetarras y neocomunistas. Si Podemos fuera verdaderamente patriota, como incansablemente repite su caudillo, es el momento de demostrarlo y sacrificar sus insensatas y disparatadas apetencias. La oposición también debe buscar el terreno común del entendimiento con el Gobierno mediante unos pactos que salven a los españoles de mayores sufrimientos. Hemos tenido bastante con el agente vírico. Lo anterior pide sacrificios a todos. Pero es el camino para superar, de la mejor manera, este doloroso trance que padecemos en el terreno individual y en el económico y social. Si, por el contrario, la tarea la emprende en solitario este Gobierno, de vocación populista y radical, fracasará. Y el dolor aumentará. Los Gobiernos de unidad nacional son los únicos que logran, en las peores horas, recuperar el bienestar perdido y preservar la paz civil.