Cádiz tiene muchos secretos bajo sus aguas. Algunos llevan siglos ahí, otros todavía están por descubrir. Y es que, si bajo una losa de la ciudad puede aparecer un vestigio fenicio, basta con mirar hacia el fondo del mar para comprobar que la historia de Cádiz también se escribe bajo el agua. Allí, en La Caleta, la ciencia sigue encontrando motivos para sorprenderse.
Juan Lucas Cervera Currado, catedrático e investigador de la Universidad de Cádiz, vinculado al Instituto de Investigación Marina (INMAR), lidera junto a otros investigadores e investigadoras el proyecto Caleta Viva, dedicado a conocer la flora y la fauna de este enclave. En una entrevista en *Más de uno en la provincia de Cádiz*, de Onda Cero, ha explicado que el trabajo desarrollado durante la última década ha permitido identificar una biodiversidad mucho mayor de la que se conocía.
«Nos hemos encontrado que incluso teníamos especies que eran desconocidas a nivel mundial», ha contado. Y todavía hay más: el equipo mantiene otras especies pendientes de publicación científica, por lo que los próximos trabajos podrían ampliar ese catálogo de descubrimientos.
Un tesoro submarino en el encuentro entre el Atlántico y el Mediterráneo
La riqueza marina de La Caleta no es casualidad. Cádiz ocupa una posición privilegiada, en el punto de encuentro entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, donde también confluyen aguas de distintas características y temperaturas.
Esta combinación convierte a la zona en un auténtico punto caliente de biodiversidad. Sin embargo, conocer las especies que habitan sus aguas es solo una parte del trabajo. También resulta fundamental comprender cómo están cambiando sus ecosistemas.
Cervera ha advertido de que el calentamiento del agua está modificando la distribución de la fauna marina. Algunas especies que antes encontraban una barrera térmica para llegar a estas costas están apareciendo ahora con mayor frecuencia, mientras que otras que eran habituales comienzan a verse menos.
«La fauna está cambiando», ha resumido el investigador, que considera que la costa gaditana constituye un laboratorio natural para observar las transformaciones que experimenta el medio marino.
El fenómeno no puede desligarse de un contexto de cambio climático que también se manifiesta en tierra, con episodios de calor intenso cada vez más frecuentes y precipitaciones de gran virulencia. En el mar, las consecuencias se traducen, entre otros efectos, en cambios en la presencia y distribución de las especies.
El alga asiática, un ejemplo de especie invasora
Uno de los ejemplos más visibles de esta transformación es el alga asiática, cuya expansión se ha convertido en un problema ambiental en las costas gaditanas.
El investigador ha explicado que su área de distribución nativa se encuentra en el Pacífico occidental, en zonas como Japón, China y Filipinas. Su llegada a otras regiones se habría producido de forma involuntaria, probablemente a través del transporte marítimo y las aguas de lastre.
Una vez establecida, la especie ha encontrado condiciones favorables para expandirse. La ausencia de depredadores naturales que controlen su población en las nuevas áreas ha contribuido a su proliferación, que ya no se limita al litoral gaditano.
«Está en Canarias, está en Madeira, está en Azores, está allá en el Cantábrico», ha señalado Cervera para ilustrar la dimensión del problema.
No obstante, el investigador ha precisado que no todas las especies foráneas se convierten en invasoras. Solo una pequeña parte consigue expandirse de manera extraordinaria y generar impactos importantes en los ecosistemas que coloniza.
La ciencia también necesita que la escuchemos
Caleta Viva representa una de las formas en las que la investigación universitaria puede acercarse a la ciudadanía y ayudar a comprender mejor el entorno natural. Para Cervera, divulgar estos descubrimientos es también una parte esencial de su trabajo.
El investigador ha reivindicado la importancia de explicar la ciencia de una manera accesible, sin prejuicios sobre quienes se dedican a ella. Frente a la imagen del científico encerrado en un laboratorio y alejado de la realidad cotidiana, ha defendido una profesión que nace de la curiosidad y las ganas de comprender el mundo.
«Los científicos no somos frikis», ha dicho con humor durante la entrevista. «Somos personas normales que somos curiosos, nos gusta conocer y saber».
Una invitación a mirar de otra manera hacia La Caleta. Porque, mientras Cádiz convive con uno de sus paisajes más reconocibles, bajo la superficie sigue existiendo un mundo lleno de vida que todavía tiene mucho que contar.

