Este domingo las ciudadanas y ciudadanos de Aragón están llamados a las urnas para depositar su voto y decidir a los diputados que conformarán el nuevo Parlamento Aragonés durante los próximos cuatro años.
Sin embargo, hay electores que pueden decidir no apoyar a ninguna formación política o, directamente, no ejercer su derecho al sufragio. Esto puede ser por varios motivos:
- Reflejar descontento ante la situación política que vive nuestro país
- No simpatizar con ningún partido
- Carecer de interés político
Tanto el voto en blanco, como la abstención, son maneras de reflejar ese descontento o apatía por la política. Te explicamos en qué se diferencian ambos y cuál refleja mejor tu sentimiento.
Voto en blanco
Cuando alguien vota en blanco es que deposita su papeleta sin marcar ninguna opción. Es decir, el votante acude a votar, pero decide no elegir ninguna opción entre las disponibles. Estos votos se cuentan como válidos y se suman al total de votos emitidos.
Votar en blanco suele expresar una participación crítica, ya que la persona acude a votar porque cree en el sistema democrático, pero no se siente representada por ninguna de las opciones disponibles. Es una forma de decir “me importa decidir, pero ninguna candidatura me convence”. Para muchas personas, el voto en blanco genera una sensación de coherencia y compromiso cívico, ya que se ejerce el derecho al voto sin respaldar a ningún partido. Aunque la realidad es que esta opción beneficia a los partidos mayoritarios y perjudica a los minoritarios. ¿Por qué? Se debe a la Ley D´Hont, el sistema electoral actual que utilizamos en España. Según esta ley, para repartir los escaños de forma proporcional al número de votos obtenidos entre las candidaturas que obtengan, como mínimo, el 3% del escrutinio. De esta manera, al incluir los votos en blanco, una candidatura necesita más votos para lograr escaño.
Abstención
Por otro lado, la abstención se produce cuando un ciudadano opta por no votar en las elecciones, ni por correo ni de forma presencial. Esta decisión solo afecta a los datos de participación, pero no repercute en el resultado electoral final.
De esta manera, abstenerse suele estar ligado a sentimientos de desafección, cansancio o distancia con la política. Puede responder a falta de interés, desencanto o a la idea de que el voto individual no tendrá impacto. Emocionalmente, la abstención puede vivirse como una renuncia o desconexión del proceso, aunque en algunos casos también es una decisión consciente de protesta silenciosa.

