mundial 2026

Suiza, el equipo que ningún favorito quiere cruzarse

Sexto Mundial consecutivo para una Suiza que en la última década ha eliminado a Francia (Euro 2020) e Italia (Euro 2024), pero que sigue estrellándose en cuartos. Con Granit Xhaka como capitán, Manuel Akanji al mando de la zaga y Murat Yakin en el banquillo, la Nati llega al Grupo B como favorita y con el reto pendiente de romper su techo histórico.

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Suiza, grupo B del Mundial 2026
Suiza, grupo B del Mundial 2026 | Onda Cero

SUIZA – GRUPO B

  • Rivales en la fase de grupos: Qatar (13 jun., San Francisco), Bosnia (18 jun., Los Ángeles) y Canadá (24 jun., Vancouver).
  • Once tipo: Kobel; Widmer, Akanji, Elvedi, R. Rodríguez; Xhaka, Zakaria; Ndoye, Rieder, Vargas; Embolo.
  • Clasificación: Primera de su grupo en la clasificación UEFA.
  • Participaciones en el Mundial: 13 (sexto Mundial consecutivo).
  • Mejor posición en el Mundial: Cuartos de final (1934, 1938 y 1954, esta última como anfitrión).

Suiza es, sin duda, la favorita del Grupo B. Es además la selección con más experiencia en citas de este calibre: ha participado en doce Mundiales —este será el decimotercero y el sexto consecutivo— y ostenta el récord de más minutos sin encajar gol en la historia de los Mundiales. En 2006 cayó eliminada en octavos por Ucrania en los penaltis sin haber recibido un solo gol en todo el torneo.

Veinte años después de aquel castigo, la Nati llega al Mundial de 2026 consolidada como una selección fiable. Tras una clasificación impecable, el conjunto dirigido por Murat Yakin se presenta en Norteamérica como una selección madura, disciplinada tácticamente y sólida en defensa.

La gran pregunta es si esta vez logrará dar el salto y superar los octavos de final. Ese es el objetivo: romper su techo histórico y regresar a unos cuartos, como en 1954 en el Mundial del que fue anfitriona.

Un bloque sólido y competitivo

En lo táctico, Suiza es reconocible: Granit Xhaka actúa como el latido del equipo en el mediocampo, Manuel Akanji ejerce de mariscal de la zaga desde el Inter de Milán y Dan Ndoye aporta desequilibrio y velocidad por la banda. Murat Yakin conoce bien el bloque y sabe cuándo apretar y cuándo ceder.

La selección helvética ha construido su identidad a partir del orden defensivo, la disciplina táctica y una competitividad constante en las grandes citas. Esa estabilidad le ha permitido convertirse en una de las selecciones más incómodas para cualquier favorita en torneos internacionales.

La estrella

Granit Xhaka es la selección suiza: su capitán y guía de una generación que vuelve a plantarse en un Mundial con ambición y carácter. A sus 33 años, Xhaka afronta Estados Unidos, México y Canadá 2026 como el rostro reconocible de la Nati y el futbolista que explica su identidad en el campo.

Xhaka, que afronta probablemente su último gran torneo, es el centro de gravedad del conjunto dirigido por Murat Yakin. Desde el mediocampo ordena, manda y marca el ritmo de los partidos, convirtiéndose en el sostén táctico y el liderazgo emocional del equipo. Su autoridad no es estridente: es silenciosa.

En un equipo construido desde el orden, la disciplina y la solidaridad, el capitán encarna mejor que nadie ese espíritu. Cuando Suiza resiste, Xhaka equilibra; cuando necesita pausa, la impone; y cuando el partido se vuelve incómodo, aparece su experiencia para sostener al grupo.

Por eso todos los analistas coinciden en señalar que el techo competitivo de Suiza dependerá, en gran medida, del rendimiento de su número diez.

Fortalezas y debilidades

Con líderes como Xhaka o Akanji, Suiza tiene una columna vertebral con jerarquía que mantiene al equipo estable incluso bajo presión. La experiencia internacional y la organización defensiva son sus grandes fortalezas.

La gran asignatura pendiente es la pegada ante defensas cerradas: la Nati puede aguantar un partido ante cualquier rival del mundo, pero no siempre consigue ganar cuando el marcador está empatado y el encuentro se cierra. Ese es el problema que tiene que resolver.

¿Hasta dónde llegará?

El Grupo B es el más favorable que podría esperar Suiza. Si no lo gana, hay un problema. En octavos, la historia dice que puede eliminar a cualquier potencia —y lo ha hecho—, pero también que puede caer ante rivales a los que no debería perder.

Esta vez, con el bloque más maduro que ha tenido en años, el objetivo debería ser llegar a cuartos de final. Lo que venga a partir de ahí será territorio nuevo.