Otra vez nos sentimos campeones, otra vez le vemos defectillos a Brasil, a Argentina y hasta a la Francia machacona si nos ponemos. Debe ser que no estamos programados para ensalzarnos sin comparar. La vida es puro contexto. Y en este Mundial, el "tú más" es un "yo" muy grande cuando la Selección hace partidos tan redondos como el de anoche.
He justificado más de una vez que los lazos y las conexiones empoderan un vestuario. De la Fuente es entrenador, pero no desdeña su misión de planificador familiar, de trazar vínculos naturales para que la competencia sea sana, para que las rivalidades sean naturales y para que los suplentes se sientan tan titulares como el que más.
Tengo que dejar en letra subrayada el nombre de Mikel Oyarzabal, diario. Un chico de cuadrilla que siente todo lo que hace sin darle trascendencia. Goles y asistencias que celebra con una sobriedad innata que destaca. Cerebro y pausa en Rodri. Oficio y precisión en Porro y Cucurella. Encima tenemos a Unai, un portero que bate un récord de imbatibilidad de casi cuatro décadas y, al ser preguntado, dice: "¡Pero si no he parado casi nada, no me llegan!".
No obstante, como la complacencia suele nublar juicios, digamos también que Lamine es buenísimo, diferencial, un niño prodigio con todos los rizos, pero no debe obsesionarse ni por lograr más goles ni por empatar la colección de joyas de Zapatero, diario. Eso sí, qué gustirrinín ver el poderío de nuestros vips en Los Ángeles. Y qué chute de modernidad real nos da ver a Alexia Putellas, Penélope Cruz o Rosalía saltando con cada chirlo, ejemplificando que este mundo arrebuja los géneros para que la mezcolanza también cierre semana de orgullo.
