Nosotros nos confundimos mucho con la hora para hilaridad de la concurrencia, pero lo de los futbolistas con los relojes va por otro carril. Si esta semana un juez andorrano quiso averiguar si los chollos son chollos, o si lo que hay es dolo detrás de tanta ganga, te he de decir que por instinto y curiosidad, he sincronizado algunas premisas.
Ni se imagina tu millonaria audiencia el nivel de competitividad que hay en los vestuarios de la élite del fútbol español. Primero, el modo sano entre tipos con posibles, de llevar en la muñeca lo último, lo mejor, lo más chic en el mundo manecilla. Y luego está lo perseguible: el enjambre de paracaidistas, agentes y conseguidores que ofrecen y mercadean, y sin cortarse, más bien al contrario, garantizan "descuentazos" sin reparar ni un segundo en su origen de procedencia.
La lista andorrana publicada es cortita, pero hasta donde yo he preguntado, el mundo 'pelucazo' está todavía por descubrir. También es la hora de saber cómo están las resacas de los equipos europeos, el Madrid abre jornada esta noche con la existencial duda de si solo aboga por el milagro Champions, ese al que también apela el Barça después del bombazo atlético con el que no contaban.
A la par, es tiempo de revisión en la cosa arbitral, solo un silbato nacional en el Mundial y casi de rondón. En el colectivo sigue habiendo navajeo, posiciones enconadas y nula unanimidad en cómo ser, crecer y gestionar.
Y no paro crono sin referirme a un esloveno de escaso peso y gigante palmarés: Tadaj Pogacar quiere otro monumento uniendo Paris y Roubaix para ensanchar su leyenda como la mejor bici de la historia. El tiempo de gloria eterna entre sus pedales. Y aquí lo dejo. Es la hora.

