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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El señor Lobo Maillo ha empezado a silbar el réquiem de Mozart al oído de la presidenta amortizada Cifuentes"

Agradable no puede ser. Toda tu carrera soñando con tener un papel protagonista en el serial y que termines siendo el que rellena.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 13/04/2018 a las 08:13 horas

El que sale en las escenas aburridas que los guionistas despachan sin media frase buena.

Tiene que ser frustrante para un actor tan entregado a su papel como Roger Torrent que te encasillen de esta manera. No sólo que te encasillen: que te pases la vida intepretando al tipo de gatillazo.

El que nunca consuma.

El que amaga, pero no remata.

El serial catalán.

El papelón de Torrent. Cómo tomarse en serio a estas alturas sus solemnes discursos de relleno.

Cuántas veces no hemos visto ya los espectadores del serial esta escena.

El hombre de la barba oscura y el rostro reconcentrado proclamando que nadie le dirá a su Parlamento a quien tiene que investir.

Para añadir al final de la escena esta frase, que ya es la que más veces ha pronunciado.

El pleno queda desconvocado. La especialidad de este presidente no es convocar plenos sino desconvocarlos. La especialidad de este presidente es fingir que esta comprometido con la causa a cualquier precio para acabar reculando porque su prioridad es no exponerse él a que le caiga encima una denuncia.

Hoy vuelve a no haber investidura de nadie en Cataluña. Como se sabe desde hace días que no la habría. Ésta era otra de fogueo. Y ya la semana que viene se pondrán a la tarea de hacer una investidura de verdad porque el reloj está corriendo.

Lo de Jordi Sánchez eran puras ganas de enredar. No sólo porque ya le propusieron una vez y abortaron la operación porque no salía, sino porque este Jordi es el mismo que le dijo al juez Llarena que había decidido abandonar el escaño y la política para volverse a la docencia.

Te propongo, te retiro, te vuelvo a proponer. Y te retiro de nuevo.

Han transcurrido casi cuatro meses desde las elecciones de diciembre. El 155 se está aplicando en Cataluña desde ya medio año.

El serial se eterniza.

Y en Escocia, ya, ni les cuento. Los jueces británicos deben de tener biorritmo de magistrado del Constitucional español, porque anuncian para el mes de agosto la decisión sobre si entregan a la señora Ponsatí y por qué motivos. Ha escuchado usted bien: agosto. Alegan que hay que estudiarse un montón de papeles antes de tomar una decisión.

Los tres jueces alemanes, Martin, Mathías y Mathías, no han vuelto a aparecer en el serial desde que sacaron de la cárcel de ladrillos rojos a Puigdemont. Ellos, a diferencia de los ingleses, han sido Speedy González para valorar la rebelión y la violencia. O la ausencia de ambas cosas. Se ve que lo de la malversación les está llevando más tiempo.

En el último minuto del capítulo de ayer introdujeron los guionistas un instante sobrenatural protagonizado por Gabriel Rufián, que como dice frases cortas sirve para meter escenas impactantes. En ésta de ayer Rufián pone cara de niño de el sexto sentido y dice "en ocasiones, veo presos políticos". Bueno, en realidad lo que ve es a Tamara Carrasco, el último fichaje del serial, máster en sabotajes y algaradas. Dice Rufián:

Y a los espectadores nos obliga a pensar. Porque a Tamara, que según él es una presa política, la vemos saliendo por la puerta de la Audiencia Nacional porque el juez la ha dejado libre y ella se ha vuelto a su casa. ¿Qué clase de presa política se pasea por la calle como Gabriel por su casa? La cámara enfoca a Rufián. Y a él se le ponen los ojos en blanco. Fin del episodio.

Fin del episodio de este serial. Porque ya saben ustedes, espectadores incansables, que tenemos otro.

El serial madrileño. Máster and Grijander.

Las pequeñas grandes mentiras que han llevado a una presidenta a no terminar la temporada.

En el serial de Madrid el personaje clave de las últimas horas es el señor Lobo. O sea, Maillo. El fixer, el solucionador al que ha encargado Rajoy que haga contención de daños. Maillo, que no Cospedal. El señor Lobo ha empezado a silbar el réquiem de Mozart al oído de la presidenta amortizada. La canción fúnebre dice que por encima de las cristinas siempre estará el bienestar del partido.

No está tomada significa que el pulgar de Rajoy aún no se ha pronunciado. Ni para arriba ni para abajo. Está asumiendo Rajoy el riesgo de que piensen que está haciendo autoestop. ¿Quiénes? Las personas con las que se reúne.

Porque en el serial madrileño se coló ayer un príncipe saudí. Con su túnica, su pañuelo de cuadros, su cordón negro de doble vuelta y su séquito, sus millones y su alergia a la democracia verdadera (lo que viene siendo, vamos, la familia real saudí).

Rajoy tiene al príncipe Bin Salmán en Madrid. Es lo que dice el gobierno: como para ocuparse ahora de Cifuentes.

En el partido se les ha quedado congelada la imagen porque Rajoy ha puesto el capítulo en modo pausa y porque el resto de los dirigentes se ha instalado en 'lo que diga Mariano'. Y Mariano cuando no le conviene, pues no habla.

Es probable que en el capítulo de hoy quien hable sea la universidad. El rector que empezó avalando el expediente académico de Cifuentes y después abrió una investigación interna se propone ahora retirarle el título a la presidenta. Yo te doy el máster, yo te lo quito. Por eso la última duda que queda por despejar es qué título pierde primero: si el de aprobada o el de presidenta.

La gran familia de la política madrileña se ha embarcado en una labor impagable de exhumación de currículums antiguos en busca de faroleros que se pusieron licenciaturas que no tenían. El líder del PSOE madrileño Franco nunca fue licenciado en matemáticas.

El diputado Cantó nunca fue licenciado en pedagogía.

Y por si dos seriales no fueran suficientes, al de Madrid le ha salido un spin off. Una secuela. De color morado, que es el de Podemos.

Aquí los protagonistas son dos ex profesores de universidad reconvertidos en asaltantes de los cielos.

• Iñigo Errejón, derrotado en Vistalegre II.

• Y Pablo Iglesias, futuro padre de mellizos. Y vencedor de Vistalegre.

Ésta es la rivalidad fraternal más descarnada que han conocido los seriales desde "Hombre rico, hombre pobre".

Iñigo fue un joven estudiante becado como investigador que superó el bochorno de ser inhabilitado por una universidad por escaquearse de sus obligaciones como becario.

Pablo es el líder supremo que encajó mal que su antiguo amigo tuviera ideas propias, y ambiciones propias, y le hizo sentir el acero valyrio del poder interno dejando su presencia pública en las raspas.

Pasó Errejón por el purgatorio del ostracismo orgánico y de la grada del hemiciclo, pasó el curso de reeducación y le destinaron a la guerra madrileña. Tú ocúpate de las elecciones autonómicas que de lo demás ya se ocupan Montero y el tito Echenique, le vino a decir Pablo.

Ahora Iñigo, reconstruido, corre el riesgo de pensar que debe su rehabilitación a sus méritos propios más que a la voluntad del líder. En el episodio piloto del spin off amagó con montarle un lío al aparato por querer imponerle los integrantes de su futura lista.

Espinar, que entre tuit y tuit encuentra tiempo para gobernar la casa morada madrileña por delegación de Pablo le recordó a Iñigo que una cosa es ser el candidato y otra que te olvides de quién manda.

Y Errejón, que es muy de llamar a las cosas no por su nombre sino de forma rara, se quejó en público de que le quieran imponer la lista porque dice que eso es cosa suya.

Un proyecto entero significa que la lista la hace él. Por eso salió su ex amigo del alma, compañero y sin embargo líder, el padre Pablo a decirle a él y a Espinar que no le monten matrimoniadas justo ahora que el PP se desangra.

Ni media tontería es una frase muy de padre a los críos que le salen trastos.

En el serial morado, que igual se queda en miniserie, el que más habla es Espinar. Cuanto más habla más claro le queda al espectador que esto de las primarias es una gran milonga. Un trámite, como dijo Espinar anoche. Un trámite para coronar candidato a quien ha sido ya ungido por el padre Pablo.

El trámite de fingir que no se sabe quién será el candidato de Podemos mientras la militancia no escoja entre quienes se animen, ¿verdad?, a competir en igualdad de condiciones y sin injerencias del aparato. A diferencias de las rivalidades entre hermanos, las primarias sí que son ficción.