ENTREVISTAS EN POR FIN

Guillermo González, ingeniero de la Agencia Espacial Europea: "Sin el módulo de servicio europeo Artemis no sería posible"

El ingeniero de la ESA y jefe de producción de los módulos de servicio europeos de la nave Orion, Guillermo González, ha explicado en Por Fin el papel decisivo de Europa en la misión Artemis II, una colaboración internacional que considera fundamental para el regreso del ser humano a la Luna.

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ondacero.es

Madrid |

La misión Artemis II no solo está poniendo a prueba la tecnología que lleva a la tripulación alrededor de la Luna, sino también el peso real de Europa dentro del programa espacial más ambicioso de la NASA en décadas.

En conversación con Isabel Lobo, Dani Ramírez y Rebeca Marín, el ingeniero de la ESA Guillermo González ha detallado qué aporta exactamente el módulo de servicio europeo, qué se está comprobando en cada fase del vuelo y por qué esta misión abre la puerta a una nueva etapa en la exploración humana del espacio.

Europa, pieza clave

Guillermo González ha querido dejar claro desde el inicio que la participación europea no es secundaria ni testimonial. Según ha explicado, Orión no es solo la cápsula estadounidense que transporta a los astronautas, sino una nave en la que Europa ha diseñado y construido "la mitad".

"Europa está teniendo una participación completamente fundamental", ha señalado el ingeniero, antes de recordar que sin los módulos y servicios europeos las misiones Artemis de la NASA no podrían llevarse a cabo.

Qué hace el módulo europeo

En su explicación técnica, González ha desgranado las funciones esenciales del módulo de servicio europeo: los paneles solares, la energía, la propulsión, el control térmico y también el suministro de elementos vitales para la tripulación.

Ha explicado que Europa aporta "toda la potencia, toda la energía a la nave" y también "todo el sistema de propulsión", además del control de temperatura y de los sistemas que permiten a los astronautas respirar y disponer de agua.

"No puede fallar nada"

Preguntado por las precauciones en una misión tripulada, González ha sido tajante: "En una misión tripulada no puede fallar nada".

El ingeniero ha descrito un proceso de comprobación casi continuo, desde las pruebas en la fábrica europea hasta las verificaciones en Bremen, su traslado a Estados Unidos y los ensayos finales una vez integrada toda la nave. Según ha explicado, todo se revisa una y otra vez porque "todo lo que se puede hacer en tierra para asegurarse de que la misión va a ser un éxito, se hace".

Una base lunar

Más allá del vuelo actual, González ha situado Artemis como el inicio de un proyecto mucho más amplio: volver a la Luna para quedarse durante periodos cada vez más largos.

Ha explicado que el objetivo no es repetir Apolo, con visitas breves y de retorno inmediato, sino avanzar hacia una infraestructura semipermanente, idealmente en el polo sur lunar, donde se cree que podría haber hielo en cráteres en sombra.

"Lo que se pretende con el programa Artemis es establecerse en otro mundo", ha afirmado, al tiempo que ha imaginado una futura base lunar con generación de energía propia, vehículos y módulos habitables.

"Ir a la Luna será rutinario"

En el tramo final de la entrevista, González se ha mostrado prudente, pero también optimista sobre los plazos. A su juicio, antes de que acabe la década podría asentarse la tecnología necesaria para viajar entre la Tierra y la Luna con mayor facilidad, mientras que la verdadera normalización del viaje lunar llegaría en la década de los años 30.

"De aquí a finales de esta década" podrían darse los pasos técnicos decisivos, ha dicho, aunque ha matizado que no cree que ir a la Luna llegue a ser algo para "todos los ciudadanos".