Está amaneciendo en Arequipa, la ciudad que vio nacer a Vargas Llosa y la que hoy le despide, como todo el Perú y como todo el planeta, porque Vargas Llosa era patrimonio de la Humanidad. Se definía como un fabulador agarrado a su pasión literaria como un naufrago a su tabla. El genio de las letras hispanas, dice 'El Comercio' de él. Uno de los grandes de la literatura universal que reflexionaba con Alsina en 2019 sobre su oficio fascinante de escritor.
Se dice de él esta mañana que fue un maestro de maestros, el peruano de todos los tiempos de cultura enciclopédica, el último representante de la generación dorada del boom latinoamericano, del que el Nobel peruano fue piedra angular con su novela 'La ciudad y los perros'. Novelista, ensayista, académico, defensor de la lengua castellana, intelectual comprometido, fallido político liberal, a donde llegó desde postulados comunistas, pensador que soñaba, leía y escribía, "la más eficaz manera de derrotar a la carcoma del tiempo", dijo al recibir su flamante Nobel de Literatura, y de convertir en posible lo imposible.
