La epilepsia es una enfermedad muy desconocida pese a que gran parte de la población conozca su nombre. Para profundizar en esta cuestión hablamos con Andrea Lozano, paciente de epilepsia y 'blogger' de Lolito Epiléptico y autora del cuento Lolito Infinito. También con Ángel Aledo Serrano, Neurólogo en el Hospital Universitario Vithas Madrid La Milagrosa.
Ángel Aledo Serrano, neurólogo en el Hospital Universitario Vithas Madrid, nos explica que la epilepsia no es una sola, sino muchas. Hay crisis generalizadas, como las tónico-clónicas (las que asociamos con convulsiones), pero también existen crisis focales, de ausencia, o incluso aquellas que se manifiestan con alucinaciones sensoriales o simples desconexiones momentáneas de la realidad. Insiste en que es muy importante "poner el apellido bien" al tipo de epilepsia que sufre cada paciente porque eso implica recibir un tipo de medicación u otro.
De manera simplificada, Aledo explica que la epilepsia proviene de una conectividad caótica entre las neuronas del cerebro. El neurólogo ha explicado también que en ocasiones, cuando la mediación no sirve para controlar la enfermedad, se opta por cirugías en las partes concretas del cerebro afectadas, especialmente en el caso de los niños.
Andrea sabe bien que aceptar la enfermedad es un proceso largo, "es un duelo", reconoce. "Lo primero que recomiendo a quienes acaban de ser diagnosticados es que pregunten, que sean un coñazo con su médico. Y que pidan ayuda. No solo médica, también emocional".

Una de cada cien personas padece epilepsia. Y uno de cada diez tendrá una crisis en algún momento de su vida. Pero la mayoría no desarrollará la enfermedad. Para quienes sí lo hacen, la epilepsia puede convertirse en una compañera constante. Andrea, diagnosticada a los 17 años, relata sus inicios como un recuerdo "en blanco y negro" en su primer año de enfermedad, pese a lo que luchó por estudiar la carrera.
Para Andrea la experiencia es dura, no solo por las crisis, sino también por la incomprensión social, la dureza de la medicación, y el miedo a un futuro incierto. Ha explicado como algunas personas se van debido a la enfermedad, pero otras llegan, ha agradecido especialmente el apoyo de su expareja, además del de su médico Ángel. Ha tenido que adaptar su vida a su enfermedad, tomando una medicación imprescindible a diario. Ahora ha decidido estudiar integración social para poder ayudar a la gente tal y como ella ha recibido ayuda.

