Para esto se contrata a un abogado procesalista. ¿Para qué? Pues para urdir algunas tretas con las que aprovecharse de las garantías de un proceso. Desde el principio Zapatero ha renunciado a una salvación moral, que probablemente ve imposible, y se conforma con el mayor alivio penal que pueda procurarle su abogado.
Zapatero no puede justificar el origen de las joyas que la UDEF encontró en el registro de su despacho. No puede. Y el origen debe de ser tan inconfesable que… es mejor decir que te las regaló un rey saudí.
O sea, cómo debe de ser la cosa, que ni siquiera ha buscado una coartada favorecedora. Tres meses para acabar diciendo que la verdad es justo lo primero que ha desmentido.
Esto decía su portavoz Luis Arroyo, cuando Zapatero le encomendó la ingrata tarea de representarle en los medios. Bien… o mintió a Arroyo o ahora está mintiendo al juez. Y todo apunta a que está buscando la mayor eficiencia procesal, es decir, que ha buscado la única versión que le permitiría explicar que las joyas no han entrado de contrabando, porque las habría traído un rey en visita oficial y que el delito por no haberlas declarado a Hacienda ha prescrito, porque el regalo se habría producido en 2007.
Zapatero no recordaba haber recibido este regalo del rey Abdullah de Arabia Saudí, quizás porque el rey Abdullah jamás le regaló esas joyas. Sí le agasajó con otros presentes, como un reloj con piedras preciosas, de gran valor, que Zapatero sí registró oficialmente y sí entregó a Patrimonio.
¿Qué ocurre? ¿Qué declaró unos regalos y decidió ocultar las joyas? Sería desde luego una vileza. Pero también puede ocurrir que prefiera asumir la vileza para evitar algo peor y que el regalo no sea un regalo sino el pago por algún servicio. Desde luego, en tres meses no ha conseguido un papel, un testimonio, un justificante, un mensaje, un mail, un acuse de recibo, un "cómo me han gustado tus zafiros, Abdullaj"… porque de hecho Arabia Saudí se niega a certificar el origen de las joyas.
Y miren que Zapatero tiene buena entrada en el Golfo Pérsico. Allí conoce bastante gente el que fuera su hombre para la diplomacia, Miguel Ángel Moratinos. Allí encontró un buen trabajo el que fuera uno de sus hombres de mayor confianza, como es Bernardino León.
Pues, nada, chico. Nadie allí está dispuesto a asumir la versión de Zapatero y acudir en auxilio de un hombre cuya salvación moral ante la opinión pública ya es imposible.
Porque un hombre que se enfrenta a lo que se enfrenta Zapatero, tiene todo el derecho a defenderse como mejor pueda, pero hay algunas estrategias de defensa que imposibilitan cualquier salvación moral y por supuesto política.
Aunque fíjense… a Pedro Sánchez aún le sigue pareciendo bien todo esto.
Si esto no tiene que ver con la presunción de inocencia. Esto merece una consideración política, ¿no? O sea, imaginemos que la treta procesal consigue su fin, que es que esto se declare proscrito. ¿Le parece bien a Pedro Sánchez que un activo del partido socialista, su comodín electoral, haya ocultado un incremento patrimonial millonario conseguido mediante agasajo de rey saudí? Porque para decir lo que le parece esta manera de proceder no tiene que esperar a nada más.
Ni siquiera a la comisión rogatoria con la que el abogado de Zapatero pretende que el juez se enfangue. Ayer ya les decíamos que esto era lo que iba a ocurrir. Que ya que Zapatero no puede justificar el origen de las joyas, le iban a pedir al juez que fuera él quien buscara la justificación. Y que para ello requiriera la cooperación judicial saudí y así se dilatara el proceso. Todo como ven está urdido sobre la premisa de que ya que es imposible salvar su alma al menos va a tratar de salvar su pellejo como sea.
Esto que oían, lo decía Pedro Sánchez en Nueva York, en una rueda de prensa previa a su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Ese gran escenario teatral que reúne a los grandes actores internacionales. Los periodistas le preguntaron por otros asuntos de política doméstica y no tan doméstica. Habló de Delcy, de Ceuta, de Marruecos, del desahucio de Maricarmen…
El desahucio de una mujer de 87 años en Madrid
Por cierto sobre este tema hablaremos ahora en la tertulia, pero ya les anticipo que ocurre lo previsible. Lo primero es la compasión, porque ese es el suelo moral, a nadie puede dejar de conmover el desahucio de una mujer de 87 años y un grado elevado de invalidez. Luego está el aprovechamiento de la tragedia, porque se advierte esa atmosfera que ya se vivió en otros momento crepusculares del poder socialista como el 11M.
Por un lado, este Gobierno no se siente aludido por nada. Nada es de su responsabilidad. Nada. Ni una Dana, ni un asalto a la frontera, ni el precio de la vivienda… esta señora fue desahuciada en virtud de la Ley de Arrendamientos Urbanos de un gobierno socialista. Quizás ahora van a reivindicar la política de vivienda del régimen de Franco.
Lo primero que han hecho es sacudirse cualquier responsabilidad y fingirse indignado espectador de lo ocurrido. ¡Qué horror! ¡Que se hagan cargo Almeida y Ayuso! Pues han sido por ahora las únicas administraciones que le han ofrecido amparo a la señora. Luego ya ha empezado la pelea por la esencia de la izquierda. También previsible.
Ada Colau dice: No podemos dejarnos arrastrar por la cobardía del PSOE. Óscar Puente responde: A mí a mi a izquierdista y a valiente no me gana ni Colau ni nadie.
Verán como pronto. Como diría Allende, más temprano que tarde, Sumar dice que hay que expropiar y señalará a la ministra de Vivienda. El PSOE dirá que es no es posible y tratará otra vez de atizar la calle contra Ayuso, porque es mejor que se manifiesten frente al famoso ático que frente al menos conocido ministerio de Vivienda. ¿Dónde está, por cierto? Nadie lo sabe.
Y mientras, pues Maricarmen ya no vivirá en su casa y tras el aprovechamiento general de su tragedia la actualidad se irá alejando de ella. Quizás incluso se empiece a levantar otra vez aquel rumor del no nos representan, que curiosamente solo se suele decir cuando se sospecha de que la izquierda no obtendría en unas elecciones una representación mayoritaria.

