Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Esta se la sabe Mañueco porque es de Salamanca. Aunque no todo el mundo repara en ella, en el salón de recepciones del ayuntamiento, en una pared entre dos puertas y con un sillón delante, hay una urna. Una urna empotrada. En la pared. Con una puerta de madera en la que está tallado el escudo de la ciudad y protegida por una reja de siete barrotes y dos candados: la urna de las tres llaves.
Cuentan los veteranos que en tiempos de nuestros antepasados, aún más veteranos que ellos, este tipo de urnas venía a ser la caja fuerte de la época. Era común en los concejos y las universidades. Dentro se guardaban documentos de gran valor, protegidos por las tres llaves: la que abría el primer candado de la reja, la que abría el segundo y la que abría la puerta de la urna. 'Arca de privilegios' era el nombre que se le daba bajo el reinado de los Reyes Católicos.
Hoy que las urnas han dicho, en Castilla y León, que ha de seguir gobernando el que ya estaba, el hombre que se ha ganado esa tarea ha reducido las tres llaves a sólo una. Sólo una es la que contempla para abrir la puerta de su investidura. Una y no tres. No probará más llave que la que anoche le entregó él mismo a uno de sus adversarios políticos. Quizá el que más ganas tiene de arrollarle.
Bueno, que hubo elecciones autonómicas. Y que una forma bastante fiable de saber a quién le han ido bien y a quien no suele ser preguntarse qué partidos habrían firmado este resultado hace dos semanas, cuando empezó la campaña electoral.
Lo habría hecho, sin duda, el PP de Mañueco, reforzado en su mayoría, con más escaños y más votos que antes -dos escaños más, cuatro puntos más-, demostrando que eso de que el poder desgasta no se ha cumplido aquí: no ha desgastado a Mañueco, bien al contrario, recibe el respaldo de sus gobernados al cabo de treinta y nueve años gobernando esta tierra su partido: ¿el poder desgasta a quién?
Habría firmado este resultado el PSOE, sin duda. Hoy tiene más escaños y más votos. Dos escaños más y casi un punto más. Es verdad que apenas son cinco mil votos más que hace cuatro años, pero visto lo de Extremadura (diez puntos de caída) y de Aragón (cinco puntos abajo), cualquier mejoría, por pequeña que fuera, iba a saber a gloria a los socialistas.
El PSOE sigue sin opciones de gobernar la región, no tiene con quién pactar y a su izquierda lo que ha quedado es un páramo (Podemos, IU y Sumar fuera del Parlamento), apenas rentabiliza ese hundimiento. Sánchez se felicitó ayer de que el PSOE sea la única alternativa de cambio (valga la redundancia), que es tanto como felicitarse de haberle ganado las elecciones a Podemos y a Sumar: la única alternativa, el PSOE, tendrá que seguir esperando para gobernar (sólo lleva 39 años).
Con razón el meritorio Carlos Martínez, autor de la proeza que hoy supone para el PSOE no menguar, se declaraba insatisfecho pero que es el primer superviviente de unas elecciones regionales en el séptimo año de gobierno Sánchez. Si en favor del candidato ha pesado no haber ido nunca ministro y haber discrepado del gobierno central en algunas cosas, entonces quien debería darse hoy por derrotada es María Jesús Montero, la candidata socialista a las elecciones andaluzas que es, por decirlo en una palabra, el reverso de este candidato superviviente.
Quien debería darse hoy por derrotada es María Jesús Montero
Tanto el PP como el PSOE, el legendario bipartidismo, habrían firmado el resultado hace dos semanas. Quienes no lo habrían firmado son todos los demás partidos. Singularmente, Vox. La marca que se había propuesto dar el pisotón definitivo, asombrar al mundo con su crecimiento inconmensurable, superar de largo del 20% del voto y morderle al PP en la tierra en que fraguaron su primer, y malogrado, matrimonio.
Vox no llegó al 19%, y aunque mejoró un punto y pico, son apenas veintiún mil votos que no dan ni para amenazar con merendarse al PP (diecinueve escaños le sacan los populares) ni para toserle al PSOE (que le saca dieciséis). La euforia sobreactuada del señor Pollán anoche no consiguió ocultar la decepción.
El PP ha subido más que Vox: el gatillazo de los de Abascal deja al PSOE sin uno de sus estribillos favoritos, ése que dice que cada vez que hay elecciones el PP cede terreno y es más rehén de Vox, ese que dice que el PP es tan siervo ya de Vox que entre el original y la copia los votantes se le van con Abascal. En Castilla y León, al menos, va a ser que no.
El gatillazo de los de Abascal deja al PSOE sin uno de sus estribillos favoritos
Con el nuevo Parlamento autonómico ya definido, corresponde al ganador buscar los nueve síes que le faltan para ser investido presidente. Nueve síes en primera votación o las abstenciones necesarias para compensar los noes en la segunda. Y lo que eligió el vencedor, Mañueco, es entregarle la llave de su arca a Vox.
Hablar con todos, pero para entenderse con uno y no entenderse -ni pensarlo siquiera- con el otro. Mañueco dijo anoche, y dijo bien, que él gobernará para todos, no sólo para sus 425.000 votantes, pero descarta entenderse con el partido que representa a 370.000 de sus gobernados.
En campaña ya desechó la oferta de su rival Martínez para facilitar la investidura de quien obtuviera más escaños y anoche terminó de levantar el muro. Esta vez el portazo no lo da aquel a quien se busca para que invista sino aquel que necesita apoyos para ser investido.
Claro que la señora Torró, que es la número tres de Ferraz (por detrás de Sánchez y María Jesús Montero) ya se ocupó de hacerle saber al PSOE de Castilla y León que no hay nada que hablar con el PP porque de eso se trata, de echar al PP en brazos de Vox.
Más necesarios que nunca para seguir como siempre, o sea, sin gobernar en Castilla y León. Ni en Extremadura. Ni en Aragón. Ni en Andalucía. Esperando a que a base de predicar que hay que ver lo del PP con Vox Sánchez pueda salvarse él en unas elecciones generales que le sirvan para seguir dependiendo de Esquerra, el PNV, Bildu, Sumar, Compromís, el Bloque, Podemos y, por supuesto, Puigdemont. O sea, como la última vez.
El documento marco que aprobó el PP para sus negociaciones con otros partidos (o sea, con los de Abascal) establece que el reparto del poder ejecutivo debe respetar la proporcionalidad que los ciudadanos establezcan en las urnas. Literal, como dicen los adolescentes. 33 a 14. Por cada 2,3 consejeros del PP, un consejero de Vox. Salvo que el reforzado Mañueco decida prescindir del documento marco y hacer ahora camino por su cuenta. Ya pasaron las elecciones de Castilla y León. Se esperan novedades ya en otras dos regiones. Extremadura sigue sin nuevo gobierno. Y sigue sin nuevo gobierno Aragón.

