Monólogo de Alsina

Monólogo de Alsina: "El riesgo real para el turismo en España no es el hantavirus sino el queroseno"

El director de Más de uno ha alertado sobre las nefastas consecuencias que puede tener para la economía nacional una caída en el tráfico aéreo fruto de la escasez de combustible provocada por el cierre del estrecho de Ormuz.

Carlos Alsina

Madrid |

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. El mismo día que cayó el kaiser Guillermo, último emperador de Alemania y primo de la madrina de Felipe VI, en la habitación principal de la lujosa villa ubicada en el número 78 de la Feldbrunnenstrse de Hamburgo, un hombre de sesenta años se atiborró a somníferos y abandonó en silencio este mundo.

Años atrás le había hecho mucho la pelota al kaiser, bautizando uno de sus buques como Augusta Victoria, el nombre de la emperatriz, pero en los últimos meses había formado parte de la conjura para mandar al emperador a tomar viento y firmar la paz con los aliados. No sólo porque la paz es más deseable que la guerra. También porque la guerra le había arruinado el negocio naviero: la mayoría de sus buques, requisados; las rutas, perdidas; él mismo en riesgo de ser linchado por los revolucionarios.

El suicida respondía al nombre de Albert Ballin, magnate del transporte, un hombre hecho a sí mismo que había sabido adelantarse a sus competidores viendo oportunidades de negocio que resultaron, para él, providenciales. Empezó reservando una parte de sus barcos trasatlánticos a emigrantes de bajos recursos dispuestos a viajar en las condiciones que fueran.

Y más tarde detectó un mercado incipiente del que apenas nadie se había ocupado: la navegación de placer, el turismo en barco, viajeros con alto poder adquisitivo dispuestos a embarcarse no para llegar a un destino concreto, sino para echar los días recorriendo el Mediterráneo, por ejemplo. La competencia se rio de él, mucho, pero él, rico perdido, rio el último, mucho más. A su primer buque destinado expresamente a atender el ocio lo bautizó como Victoria Luisa, la hija pequeña del káiser -aún eran años de hacer méritos en palacio y coquetear con la política, año 1900-: de Hamburgo por el Báltico, de Nueva York al Caribe.

El barco duró poco porque a los cinco años su capitán se confundió de faro y lo empotró contra la costa de Jamaica -él también se quitó la vida-, pero el Victoria Luisa pasa por ser el primer crucero turístico de la Historia. A todo lujo y con todas las comodidades de la época para viajeros con muchísimos días libres.

Siglo y cuarto después, el sector de los cruceros ofrece tal variedad de opciones, duraciones y precios que a nadie extraña que ciento cincuenta personas puedan dedicar dos meses de su vida (y un dineral) a ir conociendo paisajes extremos entre la Patagonia y las islas canarias.

Bien es verdad que los viajes nunca están exentos de sorpresas y que, a veces, la sorpresa puede ser tan desagradable como un virus procedente de un colilargo o una rata que infecta y mata a tres pasajeros y obliga a todos los demás a permanecer a bordo hasta que un equipo de epidemiólogos los examine y establezca quiénes, enfermos, han de ser evacuados de urgencia y quiénes, libres del virus, puede seguir viaje sintiéndose -más incluso que antes- verdaderos privilegiados.

El barco del hantavirus sigue en aguas de Cabo Verde, pero la compañía naviera anunció a última hora de la tarde que su plan es reanudar viaje y plantarse dentro de tres días en Canarias. Que es adonde va a acabar llegando, a pesar de que el Gobierno de España desmintiera en un primer momento ayer a la Organización Mundial de la Salud cuando dijo que el crucero sería recibido aquí, y desembarcado el pasaje, y a pesar de que el gobierno canario había pedido que se fuera directo para Holanda porque el turismo es una cosa delicada y cualquier episodio que pueda ser visto por turistas potenciales como un riesgo disuade a estos de elegir Canarias y puede llevarles a invertir su dinero en otro sitio.

España sigue teniendo en el turismo su principal motor económico -por más que el poder político lleve décadas prometiendo un cambio de modelo productivo-; si hay un país que conoce lo delicado que es un sector como éste es el nuestro, bien lo vimos -y lo sufrimos- en la pandemia. Y si encima reaparece Fernando Simón para decir que el contagio es muy improbable y el riesgo bajo…pues para qué queremos más, si con Simón reviven, ya lo siento por él, todos los fantasmas de aquellos días tremendos.

Con Simón reviven, ya lo siento por él, todos los fantasmas de aquellos días tremendos

El principal riesgo para el turismo: El queroseno

La del crucero es la historia más llamativa de las últimas horas, aunque el riesgo real para el turismo y, por tanto, para las expectativas de multitud de empresas en España no es el hantavirus sino el queroseno. La evidencia de que la guerra de Irán está empantanada, que el estrecho de Ormuz sigue estrangulado, que las reservas de petróleo se van consumiendo y que el combustible que requieren los aviones es condición indispensable para que los turistas puedan seguir viniendo, como admite el vicepresidente del gobierno Cuerpo.

El mensaje del Gobierno es que somos menos vulnerables que otros países a la crisis energética porque dependemos menos del petróleo que pasa por Ormuz (bueno, o que no pasa). Pero a la vez, somos más vulnerables que casi nadie a los efectos que tendría una caída del tráfico aéreo.

De nuevo, como aprendimos -y sufrimos- durante la pandemia. Y tranquilizar, la verdad es que no tranquiliza mucho escuchar al comisario europeo de energía, que es un señor de Odense (no, Orense no, Odense, con 'd' de dedo, es danés y socialdemócrata, especie en extinción en la Unión Europea) decir que el mundo encara la crisis energética más grave que ha habido nunca.

Y luego dice nuestro Gobierno que es la derecha la agorera, catastrofista y asustaviejas. Que se lo diga a Mette Frederisken, que es la primera ministra danesa de izquierdas, que escogió a Jorgensen para comisario. Es su Teresa Ribera. Menos mal que la sucesora de Ribera aquí, Sara Aagesen, ha dicho que estemos tranquilos, que el Gobierno controla. Quietos, parados, que siempre habrá otros que estén peor que nosotros.

Y además, nosotros no tenemos Presupuestos actualizados desde hace tres años, que eso, entiéndalo de una vez, es una bendición. Porque si se aprobaran ahora estarían muy desfasados, con tanto sobresalto y tanta incertidumbre. Pero como se aprobaron hace cuatro años, 2022, se adaptan a todos los cambios que pueda haber como un guante.

Prorrogados, y re prorrogados y vueltos a prorrogar. O sea, caducados, como le pasaba al Consejo General del Poder Judicial, que seguía ejerciendo, claro que sí, pero porque el Parlamento, preso del gobierno y del PP, no lo renovaba. Los argumentarios son de goma, como se sabe. A un contribuyente cualquiera que incumple su obligación o se le pasa un plazo se le viene la administración encima. Al Gobierno que incumple su deber con el Parlamento e ignora sistemáticamente los plazos todavía habrá que aplaudirle por su extraordinaria visión estratégica.

Al Gobierno que incumple su deber con el Parlamento e ignora sistemáticamente los plazos todavía habrá que aplaudirle por su extraordinaria visión estratégica

En tiempos del káiser Guillermo se acuñó el término guillerminismo. O cómo utilizar la retórica onanista del autobombo para camuflar como si fueran grandes logros los soberanos fracasos.

Monólogo de Alsina, en Más de uno