MÁS DE UNO

El sueño de Alsina: "Estaba otra vez Junqueras malversando, pagando una urna funeraria con el dinero de los catalanes"

El director del tramo magazine de Más de uno expone esta experiencia onírica donde el presidente de Esquerra era cazado por el juez Marchena, así como una irónica declaración de amor entre Feijóo y Abascal.

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Carlos Alsina

Madrid |

Carlos Alsina en el estreno de la temporada 2026-2027 de Onda Cero/ Gabriel García Aguilar

Esta noche soñé……que despertaba.

Y ya estaba otra vez Junqueras malversando. Le había cazado el juez Marchena pagando una urna funeraria con el dinero de los catalanes.

"Si es que lo de malversar es vicio", decía el juez, calentando ya para escribir otra sentencia.

"Represor", le rezaba Junqueras, que habla en susurros hasta cuando mitinea. "Represor, que me tienes miedo".

Marchena, que le imputara canguelo no le hizo ninguna gracia, porque él dejó acreditado su coraje el día que les hizo a Sánchez y Casado, los dos a la vez, una peineta. Habían pasteleado ponerle de presidente del Poder Judicial y él se quitó de en medio sin anestesia.

De Casado ya no se acordaban ni los compromisarios del PP que lo habían proclamado líder para hacerle la puñeta a Soraya, a la algunos llamaban con desdén "la niña de Rajoy" en un alarde de machismo y de edadismo al revés, o sea, queriéndola jubilar por ser demasiado joven.

De Soraya sólo se acordaba ya Juanma Moreno, que en su juventud había sido centrista a secas y en su madurez era un centrista moderno. La diferencia entre un centrista a secas y un centrista moderno es que éste último se come a besos a la extrema derecha. Mientras la extrema derecha se lo va comiendo a él. Otros ejemplos de centristas modernos son Feijoo y Miguel Tellado, valga la redundancia.

El caso es que Marchena se llevaba a Junqueras agarrado por el cogote para entregárselo a Pumpido y que lo amnistiara de nuevo.

Pumpido, el hombre, ya estaba cansado de ser líder de la oposición al Tribunal Supremo y ultimaba su jubilación, aprovechando que todos los partidos prometían que los pensionistas no perderían ya nunca jamás poder adquisitivo. El piso igual si podrían perderla, si eran de renta antigua, subrogados o lo que fuera, pero el poder adquisitivo no, que para eso daban su palabra lo mismo Sánchez que Begoña que Carlos Cuerpo, ya uno no sabe quién se ocupa de cada cosa.

Sánchez comparecía cada martes tras el Consejo de Ministros con un gorro navideño y un saco lleno de decretos. Iba anunciando los premiados:

"Esta semana, los jóvenes, un interrail para dar la vuelta al mundo y cheques descuento en el Primark".

Enfocaban las cámaras a un grupo de chiquillos acampados en el jardín de la Moncloa y brindando con sus termos de té verde.

"Segundo premio, para los pensionistas, subida de la paga compensatoria siempre que se comprometan a adoptar a un nieto de nacionalizado para que pueda votar en Lima y decantar así un escaño por Cuenca".

Y enfocaban las cámaras a un grupo de abuelos adoptivos celebrando al presidente antes de retomar la petanca.

"Y el gordo de esta semana, emoción… ¡para los funcionarios! Además de subiros el salario", anunció el presidente, "me comprometo a cambiaros de ministro para que no sufráis más a Óscar López".

Y enfocaban las cámaras a unos sindicalistas de la UGT celebrando al presidente acampados en Muface.

Al terminar cada martes su comparecencia, Sánchez lanzaba besos al aire y decía varias veces:

"Os quiero, os quiero".

En ocasiones, se llevaba la mano al pecho y se lo golpeaba suavemente. Como dijo un comentarista de izquierdas pero crítico —el último, de hecho, que ya quedaba— Sánchez empezaba a parecerse peligrosamente a Julio Iglesias en imitación de Carlos Latre.

El amor impregnaba hasta tal punto la campaña socialista que los antisanchistas más vehementes desarrollaron todos, de golpe, fobia al amor.

"Si el amor es sanchista", decía sincronizados en las tertulias, "muera el amor".

En Génova agarraron la idea al vuelo y compraron los derechos de la canción de la Jurado para usarlo como himno de campaña. Los asistentes encendían las linternas de los móviles y coreaban:

"Muera el amor, que rompe, que rasga, que oprime, que aplasta, ¡que muera el amor!".

Trascendió un vídeo en el que una pareja de Nuevas Generaciones, él de 46 años y ella de 47, gritaban:

"Que muera el amor y que viva el sexo".

Y allí mismo se desnudaban sin esperar siquiera a que acabara su discurso Cuca Gamarra.

Michavila hizo una encuesta y le salió que estar en contra del amor restaba al bloque de derechas entre diez y cien diputados, una horquilla amplia. Y que si seguían en modo anti Cupido podían perder la mayoría en el Senado da igual que fueran juntos del todo, por separado o juntos a ratos.

Feijoo mandó parar y dio un giro de 180 grados a su campaña.

En el siguiente mitin, que fue en Colón, dejó de piedra a los asistentes cuando solicitó que bajaran las luces, apareció en el escenario José Manuel Soto con su guitarra y mientras éste punteaba la banda sonora de "Love Story" se dirigió Feijoo a una persona que estaba en la primera fila y, llevándose la mano al corazón, le dijo:

"Gracias por ser mi pareja, gracias por tu comprensión y tu aliento, gracias por haber aceptado ser la madre de nuestros futuros senadores. Te quiero, Santiago".

La cámara, entonces, enfocó a Abascal, enternecido y, a la vez, incómodo. Subió al escenario mientras el público cantaba:

"Saaanti, Saaaanti".

Se fundió con Feijoo en un abrazo. Alberto intentó besarle, él apartó la boca. Se le escuchó decirle:

"La madre lo serás tú, yo en esta relación soy el hombre, macho".