Esta noche soñé... que despertaba.
En el calabozo. De la policía municipal de Tomelloso. Lo supe porque me llegaba, a través de la ventana, el sonido de la plaza de España y un paisano le estaba diciendo a otro: ‘Tú eres más largo que una soga de pintar’. Y el otro le respondía: ‘Déjate de borriquerías que es tu chaval el que salió como rata por tirante’. Recordaba que habíamos ido a Tomelloso a hacer el programa por la fiesta de la vendimia. Pero después de eso, nada. ‘Tan mal lo haríamos que he terminado encarcelado’, pensé, muy preocupado. ‘¿Qué habrá hecho Agustín Jiménez?’ O peor: ‘¿Estaré pagando yo el desmán cometido por algún tertuliano?’ Yo es que con los tertulianos siempre me pongo en lo peor. Porque llevé a Antonio Casado a hacer un programa en Fallas y la emprendió contra la mascletá, que él dice que ni es música ni es nada. Y llevé a… bueno, a una tertuliana sin nombre a hacer un programa a Zamora y dijo que allí la Semana Santa aburre a las ovejas porque es demasiado callada. ‘Libertad de opinión’, gritaba ella mientras el público se la llevaba en andas directa al pilón.
Se ponen a opinar y, a veces, no miden. Y fíjate ahora, que la polarización se ha extendido pero resulta que nadie sabe cómo ha sido porque todo el mundo dice: ‘Eh, a mí que me registren’. Me contaron que, en Tomelloso, una señora enfadada le dijo a un analista que intentaba colársele en la panadería: ‘¿Qué es polarizar, y tú me lo preguntas? Polarizar eres tú’. Y el analista, como le sonó a poesía, creyó que era una alabanza y le regaló a la mujer una hogaza artesana y un pan de calabaza asada. Especialidad de Sánchez, que aparte de un presidente tremendamente controvertido es una panadería que tiene casi trescientos años y goza del consenso de sus clientes. Recordé la anécdota de la señora y pensé: hay esperanza. Que en Tomelloso, por cierto, es nombre de horno porque otra cosa no, pero aquí el pan y los dulces se trabajan con el mismo primor que el vino.
Total, que yo estaba en el calabozo preparando mi defensa como si fuera Julito, el amigo de Zapatero ---iba a culpar de todo a Rafa, al gobierno y a los venezolanos—-- cuando se me apareció un señor de uniforme justo al lado de la celda. ‘Hay quinientos Sánchez en Tomelloso’, me pareció entenderle, ‘uno de ellos descendiente de Juan Sánchez Escalera, hombre muy principal que custodiaba las llaves de la iglesia’. ‘¿De qué me habla?’, le pregunté aún más confundido. ‘De la historia de mi pueblo’, respondió él, ‘antes había muchos más Sánchez, pero se cambiaron de apellido temiendo ser desterrados por García Page’. Me pellizqué dos veces la cara. Sospechaba que, por culpa de Amón, estaba mezclando sueños. ‘¿Ha desayunado usted?’, me preguntó entonces. ‘¿Quién, yo? No sabría decirle’. ‘Pues vamos a por unos churros a La Rocío y así me acompaña, que hoy libra en mi novela don Lotario’. ‘¡Bingo!’, pensé, ‘este tipo es Plinio, el personaje de García Pavón’. Le pregunté por si acaso: ‘¿Es usted don Manuel, el que resuelve casos?’ ‘Sí que lo soy’, me dijo él, colocándose el uniforme, ‘aquí todo el mundo me conoce’. ‘No, y fuera de aquí también’, dije yo, ‘lo que pasa es que en color no le he reconocido’. ‘¿Cómo dice?’ Preferí no explicarle que yo a Plinio siempre lo imaginé en blanco y negro, porque antes de las novelas vi la serie de Giménez Rico y ahí todo el mundo era en blanco y negro. Rosa me chivó un día que, en realidad, la serie era en color, que lo que eran en blanco y negro eran los televisores. A mí me gusta pensar que todo el que salía en televisión era blanco y negro la vez, un canto a la fluidez racial y al mestizaje sin necesidad de meter indios ni nada. En el blanco y negro nada es sólo blanco o sólo negro, el espectador puede recrearse en los grises, que es como recrearse en los matices. Un deporte contracorriente.
Íbamos camino de La Rocío y Plinio me daba conversación. ‘Aquí, Junts no tienen, ¿no?’, le preguntaba yo. ‘No, hasta aquí nunca han llegado’, decía él. ‘Pues ha dicho Page que son fascistas’, le comentaba yo, así, por hablar de algo. ‘¿Farsistas, de farsa?’, preguntaba él sin llegar a mojarse del todo. Me pareció bien, porque es policía municipal y tiene que ser imparcial, justo al revés que Junts, que siempre va con la patronal catalana e inquilino le suena a nombre de cura antiguo. Vulnerable ni le suena. Y buitre, para ellos, es España y punto.
Le pregunté a Plinio si en Tomelloso no había acampada. ‘¿Por los decretos?’, me preguntó, avezado. ‘Bueno, por los decretos, por los desahucios, por los salarios bajos, por el precio del combustible, por Ceuta, porque está Ndongo hasta en la sopa, no sé, un poco por todo’. Se detuvo un momento, se tocó la gorra y me dijo: ‘Aquí es que hemos estado vendimiando’.

