Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Dijo el discípulo: "Maestro, he de tener una grave enfermedad porque me duele cada parte del cuerpo que toco con mi dedo índice". Respondió el maestro: "Es el dedo índice lo te duele. Ve y no te toques más". Fin del cuento.
El dedo índice es el de señalar. El de ungir herederos. El de elegir subordinados. El de dar instrucciones a quienes has puesto ahí para hacer tu voluntad. García Page ha pasado lista y le sale que el PSOE tiene más de ciento veinte imputados en investigaciones judiciales por corrupciones diversas.
¿Le duele al partido cada parte que se toca con su dedo índice o lo que duele es el dedo supremo, el amo dedo, que, en el partido, todo lo decide? El dedo que, entre ciento ochenta mil militantes, escogió a Ábalos. El dedo que escogió a Cerdán, el famoso novelista. El dedo que rehabilitó a Zapatero como mitinero.
Cinco muestras de apoyo
Pedro Sánchez ha hablado ya cinco veces en público sobre el ex presidente del Gobierno y sus joyas. Ha hablado, por tanto, cinco veces más que el ex presidente, que cuarenta y cuatro días después del registro de su despacho y aun habiendo dicho en un vídeo que atendería a la prensa, no ha explicado aún -ni a la opinión pública, ni a su partido, ni al juez- cómo obtuvo las joyas, en calidad de qué y cuándo las tasó para conocer su valor y calcular a cuánto asciende su patrimonio.
Cuarenta y cuatro días en los que portavoces anómalos hacían llegar sus recados a las tertulias y en los que el ex presidente jamás habló, de viva voz, ni de las joyas ni de lo que cuestan. Sánchez, sí. Sánchez habló para proclamar su apoyo a Zapatero -20 de mayo-, para reiterarlo -27 de mayo-, para confiar en su inocencia -18 de junio-, para mantener la confianza -24 de junio- y para asegurar que el ex presidente dará las explicaciones oportunas -27 de junio-: no aclaró ni cuándo las dará ni qué sería para Sánchez lo oportuno.
En ninguna de sus cinco declaraciones se refirió el presidente al pago de impuestos. Soltó la especie de que las joyas podrían ser regalos del año 2007, la teoría Abdalá, enredó con la historia esta de que todos los presidentes son obsequiados y que ni él mismo sabe lo que le regalan en los viajes al extranjero (hablar por hablar), pero esquivó la cuestión que no es ni una sospecha ni una especulación: el joyero del ex presidente ha sido valorado, para el juzgado, en un millón trescientos mil euros y Zapatero tiene declarado, en el Senado primero y en este programa después, que su patrimonio no alcanza el umbral mínimo para tener que presentar declaración, setecientos mil euros netos.
Sánchez ha venido esquivando la cuestión más resbaladiza de su devoción tardía por ZP: con un patrimonio de un millón trescientos mil euros en joyas, y aunque su procedencia fuera legal, ¿acaso no hay que tributar por él? ¿Alcanza Rodríguez Zapatero para el actual presidente, adalid de los impuestos a los ricos, la condición de rico? ¿No es la suya una gran fortuna? ¿Y no es Sánchez el creador del impuesto a las grandes fortunas que neutraliza la bonificación de los gobiernos del PP al pago por patrimonio? Si el presidente de ahora pone su mano en el fuego por la integridad de Zapatero hay que entender que eso incluye el cumplimiento de sus obligaciones con Hacienda.
Si el presidente de ahora pone su mano en el fuego por la integridad de Zapatero hay que entender que eso incluye el cumplimiento de sus obligaciones con Hacienda.
La decisión del Gobierno
El juez Calama informó a la Agencia Tributaria de la investigación sobre las joyas en la idea de que Hacienda, lógicamente, sería la primera interesada en saber si un patrimonio tan notable ha sido ocultado y reclamar, en ese caso, lo que le corresponde como parte perjudicada. La Agencia Tributaria es el Estado. Y el ministro de Hacienda dijo anteayer que él no se iba a meter en estas cosas, que ésta era una decisión técnica y de los técnicos.
Pero ocurre que la Agencia Tributaria ha trasladado ya su postura a quien habría de representarla en la causa, que es la Abogacía del Estado. Para que sea la abogacía del Estado quien decida si hay que personarse en la causa de las joyas. Y ocurre, claro, que la Abogacía del Estado -a diferencia de la fiscalía- sí es un instrumento dependiente del gobierno. La abogacía hace lo que el gobierno quiera que haga. Seguro que el ministro es consciente de ello.
De modo que la situación, a dos de julio, es la siguiente: mientras el presidente del Gobierno compromete su palabra en defensa de la integridad de José Luis Rodríguez Zapatero, la abogacía del Estado, que responde ante el gobierno, decide si representante a Hacienda como perjudicada por la presunta ocultación de patrimonio de José Luis Rodríguez Zapatero.
Va a ser entretenido seguir la evolución de ambas partes que, en realidad, son la misma: el Gobierno y la Abogacía del Estado. Y va a ser hora de que el presidente de ahora ofrezca sin divagar y sin burladero la respuesta que tiene pendiente a la opinión pública: si un patrimonio de un millón trescientos mil euros ha sido ocultado a Hacienda, ¿puede proclamarse a la vez la pulcritud moral de su propietario? ¿Puede hacerlo, presidente?
Espantada en la Agencia Tributaria
Tenía que ser justo ahora cuando la Agencia Tributaria cambiara de cabeza visible. La directora coge la puerta. No por lo de Zapatero, se apresuró a explicar ayer el gobierno, poniéndose la venda antes de la herida. No es por las joyas, es porque pidió hace tiempo un cambio de aires y ahora le ha sido concedido.
Lo pidió cuando aún era ministra María Jesús Montero, la mujer más poderosa de España (según el autorretrato que se hizo) que renunció a todo para mudarse a Sevilla a rescatar andaluces de las garras de las derechas privatizadoras. Luego descubrió que lo último que querían los andaluces es ser rescatados por ella de nada y por eso encajó el peor resultado histórico de su partido y perdió por goleada ante un Juanma Moreno que se quedó al borde de la mayoría absoluta. Al borde, pero sin rematarla.
La directora de la Agencia Tributaria, entonces, pidió el traslado pero se le dijo que esperara. A diferencia de la ministra, que nunca pidió ser trasladada pero le dijo Sánchez ¡que fuera! Soledad Fernández se llama la directora. De la que hoy explican las crónicas de prensa que algún choque ha tenido con la cúpula del ministerio, no por Zapatero pero sí por otras cosas.
Cada historia es cada historia y cada organismo del Gobierno tiene la suya, pero el hecho de que coincida en una misma semana el descabezamiento de la Agencia Tributaria, la renuncia de otros dos altos cargos de esta Agencia, con la imputación de la presidenta de la SEPI (dependiente, también, de Hacienda), más otros cinco cargos de la Sociedad Pública, sumada a la imputación anterior del ex presidente de la SEPI Vicente Fernández, íntimo de Leire y contratado por Antxón Servinabar Alonso, socio del novelista Cerdán, hace inevitable la impresión de que el ministerio de Hacienda sufre de aluminosis.
Hace inevitable la impresión de que el ministerio de Hacienda sufre de aluminosis
Ver a la SEPI convertida en agencia de concesión de favores a los clientes de Leire y los colegas de Cerdán no ayuda a confiar en que el criterio que rige la gestión de las empresas públicas es el interés de los contribuyentes que las sostienen. A Leire la colocaron por dos veces en puestos directivos de empresas públicas, no se olvide. Fue directora de Relaciones Institucionales de Correos, poca broma. Ella, con su experiencia acreditada en el servicio a las instituciones y su habilidad para tramar relaciones.
España le debe a María Jesús Montero un ministerio enfermo de intereses cruzados. España es el ministro de Hacienda, Arcadi España. Y España es España, el país que se pregunta si la enfermedad es grave, porque cada institución que se toca duele, o la enfermedad es del dedo supremo que aquí lo decide todo.

