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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Para aplicar su propio reglamento no necesita el Congreso que nadie le ilumine"

Cuarenta y ocho horas después de la constitución de las Cortes, a los reclusos preventivos que fueron elegidos diputados nadie les ha comunicado que están suspendidos de sus funciones. Si hoy hubiera una votación, ellos reclamarían votar. Si hoy convocara el rey a los grupos parlamentarios, ellos reclamarían acudir a la Zarzuela. ‘Majestad, que ha llegado ya Sánchez. No, Pedro no, Jordi, el preso que intentó tumbar la Constitución y, con ella, a usted. ¿Le digo ya que pase?’ Y sólo en ese caso, si reclamasen un derecho que hoy no tienen, igual se animaría la presidencia del Congreso a darse por enterada de lo que, en realidad, ya sabe.

Carlos Alsina
  Madrid | 23/05/2019

La presidenta Batet ha optado por el trote cochinero. Ha metido la marcha lenta recurriendo al ‘escrito va, escrito viene’. La primera decisión de la ex ministra como tercera autoridad del Estado es pedirle a Marchena que le ayude a conocer una ley que aprobó (como todas) el Congreso y a leer el reglamento… del Congreso. Usted que tanto sabe, señoría, ¿puede decirme por escrito qué tengo que hacer con estos cuatro diputados presos? Lo natural es que Marchena le dijera: 'estimada presidenta, no le pida a un tribunal que dé instrucciones al poder legislativo. Sírvase echar un ojo a las leyes que rigen a los españoles y a las normas que rigen en su casa y encontrará ahí la solución a todas sus dudas'.

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Puede parecer que Batet y Marchena están jugando al tuya-mía, tuya-mía. 'Suspéndelos tú; no, suspéndelos tú; no, suspéndelos tú que a mí me da la risa'. Tuya mía, tuya mía ante la perplejidad del respetable. ¿Tan complejas son las normas para tardar días en aplicarlas? Pues no, la respuesta es no. La normas son claras. La primera, recordada ayer por los fiscales del Supremo evocando a Llarena. Ley de Enjuiciamiento: si hay un cargo público procesado por rebelión, queda suspendido en cuanto se decrete la prisión preventiva. La segunda, reglamento del Congreso: diputado procesado y en prisión preventiva, se le suspende de sus funciones. Mientras la prisión permanezca. Para aplicar su propio reglamento no necesita el Congreso que nadie le ilumine. Para notificar a los diputados presos el resultado de aplicar la ley, tampoco.

Batet, Iglesias, Irene Montero no son comentaristas (o tertulianos) que comentan las cosas que pasan. Son legisladores. Las leyes las hacen ellos. Y es obligación primordial conocerlas. El reglamento de su casa, lo mismo.

Lo que Meritxell Batet tiene que escrudiñar no son los complejísimos autos del Supremo, tochos de jurisprudencia y sesudos informes jurídicos. Basta con que tenga constancia (y naturalmente la tiene) de que Junqueras, Rull, Turull y Jordi Sánchez están siendo juzgados en el Supremo. Basta con que tenga constancia (y naturalmente la tiene) de que son reclusos en prisión preventiva. Con eso basta, no necesita más. Sabiendo esas dos cosas sólo tiene que comunicar a los cuatro que hasta que no se levante la prisión preventiva no pueden votar ni hacer vida común parlamentaria. No hay más debate. Si le produce alivio poder decir que la suspensión no la decide ella sino que es la consecuencia automática de la ley, que lo diga. Pero que les informe a los afectados de la situación en la que están. Ése sí que es su derecho.

A la fabricación artificial de un debate que no existe contribuye con entusiasmo la mejor amiga de los independentistas en el Congreso, que es la pareja Iglesias-Montero. Veamos lo que Iglesias presenta como una opinión y no lo es.

Eso no es una opinión, Pablo. Es un hecho. Como la gente les ha votado, son diputados. Justo porque les han votado, lo son. Y justo porque lo son, es porque lo que están sujetos al reglamento del Congreso.

Mire qué sencillo es: a mí no se me puede aplicar el reglamento. ¿Por qué? Porque no soy diputado. A Junqueras sí. ¿Por qué? Porque es diputado. Y en aplicación del reglamento es por lo que se se le tiene que suspender de sus funciones mientras dure la prisión preventiva. Ojo, el diputado no deja de serlo. Son sus funciones las que quedan suspendidas. Y las recupera el día que se levante la prisión preventiva. Que en el caso de estos procesados puede ser cuando concluya el juicio. Incluso con sentencia condenatoria podrían recurrirla y quedar libres hasta que sea firme.

De modo que no confundan al personal, pareja Iglesias-Montero. Nadie ha impedido a su colega Junqueras ser diputado y nadie ha dicho que vaya a dejar de serlo mientras no haya una sentencia que lo inhabilite. No confundan y no distorsionen los hechos. No camufle una maniobra de exculpación del colega en una pretendida defensa de los derechos parlamentarios.

Si cualquier diputado estuviera en prisión preventiva por corrupción, ya estaría suspendido. Si el comisario Villarejo hubiera montado un partido, se hubiera presentado a las elecciones y hubiera salido diputado, ya estaría Iglesias reclamando que lo suspendieran de inmediato y dejara de contaminar el Hemiciclo con el olor de las cloacas. La cuestión de fondo es que a Iglesias nunca le pareció que su amigo Junqueras mereciera ser citado ante un tribunal. Para él siempre será un político que hizo política. No lo quiere suspender porque no quiere aceptar que, le guste a él o no le guste, está tan procesado como Villarejo, como Granados o como Rato.

El premio a la empanada electorera se lo lleva hoy el párroco de la Purísima de Yecla. El cura mitinero. Se inventó, para inducir el voto de sus feligreses, una cosa llamada, atención, los derechos de Dios.

Quien no vote a quien el cura Abellán sugiere estará votando contra los derechos de Dios. Lo dice él, que es su abogado. Con permiso del párroco, los derechos son de las personas. Dios carece de derechos. Si el cura quiere pedir el voto para Vox o para quien sea, que lo diga con todas las letras que para eso tiene la libertad de decir lo que quiera. Pero no se esconda bajo las faldas de su Dios para hacer campaña. Segundo mandamiento, padre. No tomarás el nombre de dios en vano.