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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "¿Este cambio del Código Penal va en línea con lo que sostenía Just Peter hace dos años?"

En septiembre de 1978, centro de Londres, un hombre cruzó el puente de Waterloo, llegó a una parada de autobús y mientras esperaba que éste llegara sintió que un peatón le pinchó con la punta del paraguas en la pierna.

Carlos Alsina
  Madrid | 22/01/2020

El peatón se disculpó y se marchó. El hombre fue a trabajar a la BBC, estuvo sintiendo picor en la pierna toda la mañana, por la tarde le subió la fiebre, se fue al hospital, lo ingresaron y allí falleció dos días después. La causa de la muerte fue envenenamiento por ricina. El caso se conoció como El asesinato del paraguas.

El asesinado era un escritor y periodista búlgaro que había abandonado su país perseguido por el régimen dictatorial, y soviético, del comunista Zhikov. En sus programas de radio, desde Londres, denunciaba la falta de libertad y las campañas de propaganda del gobierno búlgaro. El escritor se llamaba Georgi Markov y había publicado, entre otras, una novela corta que se titula 'El retrato de mi doble' y que es la historia de un par de tahúres que como son más listos que los demás, o eso creen ellos, despluman a todos sus rivales en una timba permanente.

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Antes de empezar la partida en que preteden colársela a un tipo apodado El Hiena, uno de los tahúres tramposos le dice al otro: '¿Conoces la historia de los monos africanos? Es un truco que utilizan los cazadores para atrapar a monos. Cogen una calabaza hueca, le abren un agujero lo bastante grande para que quepa la mano del mono y colocan en el interior alguna golosina que atraiga al primate. Cuando el mono huele la golosina, mete la mano para cogerla y cierra el puño. Con el puño cerrado no puede sacar la mano, pero no se le ocurre soltar ya la golosina. Es así como el mono, goloso, queda cazado'.

La historia de los juegos de manos que es la novela de Markov no se la destripo por si se animan ustedes a leerla (la acaba de publicar aquí Siruela), pero viene a cuento el truco de cazar monos porque en eso consiste la estrategia, quien sabe si brillante --quién si arrojada--, que ha elegido el presidente Sánchez para mantener el independentismo a raya.

La peor pesadilla de este presidente es que el Movimiento Nacional Independentista, que integran Junts, Esquerra, la CUP, la ANC, Omnium, los CDR, el batasunami democrátic, le monten lo que le montaron a Rajoy: un referéndum de autodeterminación y una proclamación de independencia. El presidente, que tan partidario se declara ahora de desjudicializar las cosas, prometió hace tres meses meter en el Código Penal pena de cárcel a quien organice un referéndum de ese tipo.

Anteanoche se lo recordaron Ana Blanco y Franganillo en TVE y el presidente echó balones fuera diciendo que a él le gustaría que no hubiera. Ya se supone que él prefiere que no le monten un referéndum. La cuestión es si sigue pensando que a quien lo organice hay que encarcelarlo.

Como ahora estamos en el Sánchez versión enésima, que se actualiza más que un sistema operativo, la estrategia ésta de ay que te encarcelo ha dejado paso a lo del mono. Sánchez ha agarrado una calabaza hueca, le ha hecho un agujero grande (para que quepa la mano de Junqueras) y ha metido dentro unas golosinas. Ha metido una mesa de negociación, unos presupuestos generales, un tripartito en Cataluña, una ministra fiscal general y una reforma del Código Penal para aguar la sedición y su pena. La calabaza es gorda, aún le caben más cosas.

Es posible que Junqueras meta la mano atraido por la golosina, agarre la pata de una mesa o la jarra de aguar el código penal, cierre el puño para que nadie se lo quite y se quede ya para siempre atrapado en la calabaza. Pero como bien saben en Moncloa tras el gatillazo electoral de noviembre, a veces los planes salen bien y a veces salen mal.

El riesgo de andar agujereando calabazas para desactivar rivales problemáticos es que te acaben arreando con la calabaza en la cabeza y seas tú el que se quede fuera de juego.

En su estreno como portavoz del bigobierno Sánchez-Iglesias, la señora se ha abonado al hablar por hablar. Ella habla de cosas. Muchas. Las amontona, incluso. Pero cuesta saber qué ha dicho sobre cada cosa en realidad.

Hoy tenemos a la prensa patria especulando sobre cuáles son las intenciones del Ejecutivo respecto de la reforma del Código Penal. Es decir, que el gobierno ha anunciado su decisión de proceder a cambiar los delitos y penas en España (tarea que tiene tela marinera) pero sin alcanzar a explicarle a nadie qué cambios son ésos que pretende, en qué dirección y por qué.

Hablar por hablar. Dice así, de medio lado, la portavoz que hay que revisar lo que tiene que ver con los acontecimientos ocurridos en Cataluña.

No menciona ni los delitos que se pretende revisar, ni el porqué, ni el cómo. Los acontecimientos ocurridos en Cataluña. Somos los medios los que interpretamos, claro, que está pensando en cambiar lo que es sedición, lo que es rebelión y, atención, el castigo que merece cada uno de ellos. Pero es interpretación, porque tenemos a una portavoz que habla pero no dice.

Y eso obliga a repetir hoy la pregunta que ya nos hacíamos ayer. Este cambio en la forma de definir y castigar los delitos, ¿es en línea con lo que sostenía el PSOE hace dos años? Cuando Pedro era Just Peter.

Había una rebelión tan evidente para el PSOE que había que actualizar el código para que el delito se correspondiera con lo ocurrido. ¿O la reforma va en línea con lo que la semana pasada apuntaba el Defensor de Pueblo catalán?

Derogue usted el delito de sedición, o rebájele las penas, y aplique luego la rebaja al señor Junqueras. Al Defensor Ribó se le podrán criticar muchas cosas, pero él es transparente. Él sí dice qué reforma quiere. El gobierno, no. El gobierno está en sugerir, insinuar, hablar y hablar y hablar. Venga a meter golosinas en la calabaza.

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