Monólogo de Alsina

Alsina, crítico con la comparecencia de Zapatero: "La versión que dio no fue suficiente para que el juez diera por refutados los indicios"

El director de Más de uno ha destacada que la defensa del expresidente del Gobierno, pese a haber tenido un mes para prepararla, no ha variado de lo que ya había planteado en su entrevista en este mismo programa y en el Senado.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. En la ficción su rostro era el de Tim Roth, el actor británico. La serie no es gran cosa, pero aguantó hasta la tercera temporada. El doctor Cal Lightman dirige un grupo de psicólogos capaz de observar los gestos de una persona y saber… si está mintiendo. (Guau).

En la vida real, el psicólogo se llamaba Paul Ekman, un estadounidense especializado en las emociones y su expresión facial a quien gustaba dejarse ver en los medios de comunicación. Lo mismo en la BBC, con John Cleese, de los Monty Phyton como anfitrión, que en Televisión Española en los años de gloria de Punset.

Las teorías del doctor Ekman sobre los músculos faciales delatan si sentimos alegría, o miedo, o ira, o asco, o sorpresa siempre fueron muy controvertidas. En rigor, nunca pasaron de eso, teorías. Pero la tentación de convertirle en un personaje de ficción televisiva que resuelve crímenes detectando quién engaña a la policía fue demasiado golosa para los productores de 'Lie to me', 'Miénteme', con Tim Roth.

Ya quisieran los jueces que, en España, investigan casos de corrupción política e interrogan a sus implicados poder saber al instante, como el doctor Lightman, quién les está siendo sincero y quién les está colocando un cuento chino. En los juzgados españoles ni hay expertos que observen los microgestos del declarante para establecer si miente ni hay máquina de la verdad, como aquella que tenía Julián Lago en la televisión de los noventa.

No, esto no va de saber, analizando sus cejas, si el imputado está mintiendo. 'Esto', me refiero al juez Calama, instructor del caso Plus Ultra que ayer se desayunó con un ex presidente del gobierno en su sala de justicia con muchas ganas, según dijo éste, de responder a las sospechas de la UDEF sobre su actuación en el rescate de la compañía aérea y la forma de ingresar cantidades notables de dinero, él y sus hijas, por gestiones ilícitas y camuflados los pagos bajo la coartada de una labor difusa de consultoría, viajes y reuniones.

En rigor, el juez no tiene que sopesar, a la luz de cada respuesta, si el imputado dice toda la verdad, miente del todo, o un poco de cada (que de todo habrá cada día en los juzgados). Lo que le corresponde sopesar es si las respuestas del investigado bastan para refutar los indicios de actividad delictiva que ha reunido la policía judicial.

El mejor de los escenarios para Rodríguez Zapatero -y en teoría era un escenario posible-, era que el juez, una vez escuchadas sus respuestas, decidiera que no había razón para mantenerle imputado y le desimputara, que es verbo que seguramente no existe pero se entiende. Eso es lo que no sucedió.

La versión de Zapatero sobre lo poco informado que estaba sobre las gestiones de su compadre Julio Martínez con los de Plus Ultra, lo insólito que le resulta que estos se refirieran a él como nuestro pana o dieran por hecho que Julito era Zapatero pero sin cejas, o sea, su doble, su lacayo, lo falso que es atribuirle vínculo alguno con la sociedad instrumental de Julio en Dubai o el cobro de comisiones por servicios ficticios a través de empresas vacías de amigos venezolanos que pagan a precio de oro los trabajos de las hijas; la versión que dio Zapatero al juez, y que es la misma que dio en este programa, antes del informe de la UDEF, y que había dado en el Senado, no fue suficiente para que el juez diera por refutados los indicios que hay en la causa. Y por eso Zapatero, mal escenario, permanece imputado aun con pasaporte y sin medidas cautelares.

la versión que dio Zapatero, y que es la misma que dio en este programa, no fue suficiente para que el juez diera por refutados los indicios que hay en la causa

Para haber estado un mes preparando su defensa, no parece que Zapatero dijera ayer nada distinto de lo que ya tenía dicho

Para haber estado un mes preparando su defensa -recluido en casa, dicen las crónicas- y examinando cada indicio en su contra, no parece que Zapatero dijera ayer nada distinto de lo que ya tenía dicho. En esencia, que él era un simple consultor, autónomo, sin contrato ni nada, que a final de año le cobraba a su amigo Julio lo que a éste le parecía oportuno por sus informes y sus cosas.

A falta de whatsapps concluyente entre él y Julio -ay, Julio- es la palabra de éste lo que más debe de temer el presidente. Porque si Julio dijera que el presidente estaba encima de todo, que era ideólogo de la máquina de hacer dinero -no sólo consultor- y que el rescate de Plus Ultra lo movió él porque Julio qué iba a hacer el hombre, si él sin Zapatero no era nadie, si Julio alguna vez declarara todo eso, fuera todo verdad, fuera mentira o un poco de todo, entonces para el ex presidente se pondría todo aún peor de lo que hoy, en apariencia, lo tiene.

El desayuno con diamantes

Y luego, claro, está lo de las joyas. El desayuno con diamantes. Que ahí, no ganamos para sorpresas. Un mes después del hallazgo de la caja fuerte-joyero, el presidente alegó ayer ante el juez que necesita más tiempo para explicar, y probar, el origen de las joyas cuya tasación, que se sepa, no desmiente. Pero a la vez que él decía en el juzgado que requiere tiempo, Televisión Española atribuía a fuentes de su entorno la afirmación de que las joyas (las más caras, al menos) son un regalo que le hizo el rey de Arabia Saudí cuando estuvo en España en 2007.

Ayuda poco, supongo, a que el juez te tome en serio que a él le pidas aplazar las preguntas y tu entorno ande filtrando que ya tienes las respuestas. Primero, porque si tan atado lo tienes ya podías habérselo contado todo a quien te investiga, o a la opinión pública (es raro tardar un mes en recordar que fue el difunto Abdalá quien te enjoyó cuando aún estaba vivo).

Y segundo, porque afirmar ahora que la procedencia de la alhajera es Abdala te retrata como un gobernante que se queda con los regalos que recibe pero ni los tasa, ni los declara, ni paga impuestos por ellos. Dices: se libra de la acusación de contrabando. Bueno, pero queda como un contribuyente que elude el pago de sus impuestos. Y no ya como ex presidente, sino cuando estaba en el ejercicio de su cargo. Si las joyas son de 2007, debió tributar por ellas en 2008, año electoral, por cierto. Que pensaría Solbes si aún viviera.

ZP libra en estos días dos batallas. Una, hacerse creer por el juez. Dos, hacerse creer por la opinión pública. Al menos por la mitad de la opinión pública que le tenía por un hombre intachable, porque la otra mitad hace años que lo crucificó como el anticristo. Y en esta segunda batalla su estrategia viene siendo errática: el primer día grabó un vídeo y anunció entrevistas, el segundo se refugió en el silencio, al tercero salió un portavoz que ahora se ve que nada sabe, ayer anticipó que habría declaraciones y al final todo lo que hubo fue un escrito en el que pide a la sociedad que confíe en él porque es inocente y la verdad se abrirá paso.

ZP libra en estos días dos batallas. Una, hacerse creer por el juez. Dos, hacerse creer por la opinión pública

"Se me acusa de muy graves delitos que no he cometido y siempre me conduje con decencia y honradez". Lo cierto es que un mes después de su imputación, el presidente no sólo no ha aportado un solo dato nuevo a lo que ya tenía declarado, aquí y en el Senado, sino que dice en su comunicado bastante menos.

Entretanto, una ministra del gobierno de España -la de Ciencia, nada menos, la Ciencia, que es la madre de la prueba- decide incinerarse a sí misma mutando en propagandista de conspiranoias y hablando de oídas para hacerse pasar por audaz y perspicaz detectora de manos negras.

Si a la ministra Morant le levanta muchas sospechas, no se hable más. O sí, háblese cuanto se quiera porque es un hecho que lo que los ministros opinen o dejen de opinar sobre las causas judiciales ya no mueve una piedra. Di lo que quieras que sale gratis. Son los mismos ministros que luego exigen a los demás que aporten pruebas de las acusaciones que hacen. Ministros que parlotean. El charloteo, al poder. Al poder Ejecutivo, en concreto.