LA PRIMERA DE LA MAÑANA

Marta García Aller: "La nueva ola de violencia de los jóvenes en Francia nace de su pobreza, frustración y desesperanza"

Marta García Aller reflexiona en 'Más de uno' sobre los disturbios de Francia que se deben a la desesperanza, la humillación y desesperación de los que sienten que el estado les ha fallado.

Marta García Aller

Madrid | 03.07.2023 07:52

Arde París, la periferia de París. El París más pobre. Porque París no son solo bistrots bohemios a la orilla del Sena con vistas a Notre Dame. Hay otro París, el París de las banlieues, el de la pobreza y la desigualdad escondidas en las afueras. Es esa la Francia que está ardiendo.

Desde la semana pasada se han ido extendiendo disturbios por todo el país: más de 2.000 coches quemados, 700 negocios destrozados y más de 3.000 arrestados, la mayoría críos entre 15 y 17 años. En las calles siguen ardiendo coches, paradas de bus y contenedores. También han acabado calcinados los 100.000 libros de la biblioteca pública de Borny, al este de Francia.

Lo tentador es decir que esta ola de violencia empezó a raíz de la muerte de Nahelm, un chico de 17 años tiroteado por la policía el martes pasado, pero empezó mucho antes. Empieza con el racismo, la segregación y la pobreza. Con la falta de esperanza de miles de jóvenes en los barrios más desfavorecidos.

Lo que está pasando en Francia no es nuevo. Hace casi 20 años, en 2005, Francia declaró el estado de emergencia nacional por una ola de protestas que empezó también con la muerte de dos niños que se escondían de la policía en otra banlieue. Y desde entonces los indicadores dicen que no ha disminuido ni la pobreza ni la segregación ni el racismo.

Según la OCDE, un niño nacido y educado en un barrio desfavorecido de Francia tiene menos posibilidades de escapar de la pobreza que en la mayoría de los demás países desarrollados. Muchos de ellos, igual que Nahel, son de origen marrioquí y argelino.

Detrás de los disturbios en Francia, no solo está la muerte de Nahel, está la desesperanza, la humillación y desesperación de los que sienten que el estado les ha fallado. Algunos vecinos de estos barrios en llamas no creen que más policía solucione el problema, confían en que sean los traficantes de drogas los que logren calmar la ola de violencia para evitar que se dañe su negocio. Es un síntoma más de hasta qué punto el Estado les está fallando.

¿Moraleja?

La nueva ola de violencia de los jóvenes en Francia nace de su pobreza, frustración y desesperanza.