CON JAVIER CANCHO

#HistoriaD: El dedo de un deportista que apareció dentro de una trucha

Javier Cancho cuenta por qué ya hubo otro momento en la historia en el que la cirugía plástica estuvo de moda. Esta es la historia del estadounidense Hans Galassi, que perdió varios dedos en un accidente de esquí acuático.

Javier Cancho

Madrid | 15.11.2022 12:54

El estadounidense Hans Galassi perdió varios dedos en un accidente de esquí acuático, hace diez años. Días después del percance, uno de los dedos perdidos fue encontrado dentro de una trucha. Se supo que el meñique era de Galassi por la huella dactilar.

Lo único que no cambia en nosotros ni con los lustros ni con las décadas, ni con la tontería, lo único inmutable hasta la descomposición definitiva, son esas diminutas líneas laberínticas. Las huellas son los surcos de nuestra identidad. En medicina forense suele recordarse que las huellas no solo están en la yema de los dedos, también pueden rastrearse en las palmas de las manos, y en los dedos y la planta de los pies. Las yemas de los dedos de quienes trabajan en las obras se deforman, pero los surcos vuelven aparecer en cuanto toman vacaciones.

Se cuenta que John Dillinger nunca cogió vacaciones. Dillinger trabajaba como ladrón de bancos en los tiempos de la Gran Depresión. Sus fechorías habían alcanzado tal repercusión que la Guardia Nacional de Indiana tenía planificado usar tanques para fulminarle.

Hace algo menos de cien años la Guardia Nacional en Estados Unidos estaba dispuesta a matar delincuentes a cañonazos. Fueron días de crisis salvaje, y hubo muchos que simpatizaron con Dillinger. Se decía que él no era peor que los banqueros o los políticos. Se decía que Dillinger no robaba a los pobres.

El Departamento de Policía de Chicago había organizado 50 francotiradores en un escuadrón llamado “Matar a Dillinger”. El Departamento de Justicia destinó un destacamento especial contra Dillinger, bajo las órdenes del agente Melvin Purvis. La carrera de Purvis se arruinó el día en el que ordenó a ametrallar a tres inocentes en el hotel Little Bohemia, al norte de Wisconsin, convencido Purvin de que los tres incautos pertenecían a la banda de Dillinger.

El mismísimo Edgar Hoover, director del FBI, fue cuestionado por aquel episodio. Dillinger era un escapista. Una vez huyó de la cárcel con una pistola tallada en madera que había pintado con betún.

En aquellos tiempos de la Gran Depresión, los cirujanos plásticos comenzaron a trabajar para los gánsteres. Dillinger pagó 5000 dólares de la época al doctor Wilhelm Loeser. Le pagó para que le operase la cara y las yemas de los dedos. Loeser cortó la capa exterior de la piel de los dedos de Dillinger y trató las yemas con ácido clorhídrico. Un maniobra que hoy resultaría inútil.

Un día, la cara operada de Dillinger levantó sospechas en un cine. En julio del 34, acabada la película, también se terminó su vida. Fue abatido por agentes del FBI. Aquel tiempo furibundo fue la primera vez en que la cirugía plástica tuvo su público. Siendo, entonces, un público siempre masculino.

Regresando al dedo de Galassi, que fue hallado en el tracto digestivo de una trucha, la década pasada. La policía de Idaho siguió el rastro de la huella dactilar hasta identificar al dueño del dedo perdido. Aunque la gruesa capa de epidermis había sido digerida por la trucha, el dedo de Galassi pudo ser identificado por su dermis. Ahí seguía el surco de su identidad.