CON JAVIER CANCHO

Flores rojas sobre la última guarnición del Rif

Javier Cancho nos cuenta la historia de lo que ocurrió en una de las muchas posiciones militares que el Ejército español tenía repartidas en el área cercana a Melilla durante el Desastre de Annual.

Javier Cancho

Madrid | 14.07.2021 14:17

El camino desde Ben-Tieb hasta Annual estaba protegido por cuatro posiciones situadas en lo alto de cuatro montículos trazando una divisoria, que se abría hacia el suroeste. La posición Intermedia A quedaba en la Peña Tahuarda. Y allí, un capitán y tres tenientes estaban al mando de una pequeña guarnición de 83 soldados.

El capitán de la posición Intermedia A es un oficial veterano, que ya había participado en campañas sangrientas por los barrancos del Gurugú y los campos de Nador. Escribano es de Toledo, y tiene 38 años. Lo que no tiene son instrucciones. No ha recibido comunicación sobre qué hacer con su guarnición, porque al telegrafista se le olvidó comunicar la orden de evacuación. El 22 de julio, desde aquella posición, se vio pasar con consternación e incredulidad a parte de la tropa española en clara descomposición. Estaban huyendo de Annual. Tenían delante de sus ojos un sendero sin gloria, con oficiales en retirada metidos en coches.

La posición Intermedia A quedaba completamente sola

La posición Intermedia A quedaba completamente sola, y sin respuestas. La guarnición enviaba heliogramas dando cuenta de que el enemigo la estaba rodeando. Pero no había contestación. Ante esa circunstancia, Escribano no fue un suicida; el 24 de julio, prepara la evacuación, que se intenta de noche. Pero, era demasiado tarde. Para entonces, la posición de Intermedia A es la última bandera del Rif, la única resistencia que queda estaba en las rocas de Peña Tahuarda. Y falta agua y las municiones se acaban.

Escribano decide parlamentar. Entre el 27 y el 28 de julio se empieza a negociar la capitulación. Pero, en su transcurso, durante aquellas conversaciones, algo le hace desconfiar. Tuvo la sospecha de que sus soldados morirían a pesar de la rendición. Con una señal, ordena abrir fuego a las ametralladoras estando él en medio de la negociación. El capitán Escribano murió en aquella refriega. En aquella tormenta de disparos también fallecieron 80 rifeños. Al cabo de unas horas se volcaron en masa sobre la posición española que fue arrasada por completo.

Aquella epopeya fue valorada por el pueblo rifeño, pero no por la administración militar española"

Tres años después de aquellos acontecimientos se dirimía si a Escribano se le condecoraba. Pero, no se le condecoró. Todos los que defendieron aquella posición murieron en combate. Los únicos testimonios que hubo fueron los de un desertor español y los del enemigo. Se conocían los comentarios elogiosos que los rifeños habían hecho de cómo resistió la posición de intermedia A. En medio de aquella flaqueza general, a la vista de tantas otras posiciones que se abandonaron destacaba sin duda el comportamiento del capitán Escribano y de sus soldados. Aquella epopeya fue valorada por el pueblo rifeño, pero no por la administración militar española. No hubo condecoraciones. Pero hubo algo más hermoso.

Uno de los tres tenientes de Escribano era Antonio Medina de Castro. Medina tenía 24 años. Tiempo antes de morir había escrito a su novia Rosa:

«Se me ocurrió mirar al cielo. Mi mirada iba a las estrellas y mi alma a la

tuya. El campamento duerme mientras hay una borrachera de luz estelar.

Te quiero Rosa, hermosa vida; chiquitina, te quiero».

Durante 30 años Rosa volvió a aquel lugar para recordar a los caídos

Los restos del teniente Medina fueron identificados en marzo de 1924. Rosa nunca se caso. Se fue a vivir a Estados Unidos. 57 años después de Annual, Rosa volvió primero a España para tiempo después cruzar el estrecho e ir a visitar un lugar muy concreto: las rocas de la peña Tahuarda.

Con 77 años, a Rosa le costó subir las pendientes del Rif. Llevaba consigo un ramo de flores rojas. Rosa se las acercó al pecho, abrazo al ramo, y lo depositó en aquel risco. Después, cada año, por el día de los difuntos, fue llegando un ramo de pétalos rojos para los caídos en la posición Intermedia A.

Así fue hasta que Rosa murió en 1991. Hace ahora 30 años.

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