En mayo pasado, una verja cortada y un cable colgando dejaron sin AVE a más de 10.000 viajeros entre Madrid y Sevilla. Detrás del supuesto sabotaje que paralizó el tren de alta velocidad, emergió un nombre poco conocido para muchos: Los Yébenes, un pueblo toledano de apenas 5.753 habitantes que, durante unas horas, estuvo en boca de todos. Pero este municipio manchego es mucho más que una anécdota ferroviaria. Situado en los Montes de Toledo, Los Yébenes es una mezcla de historia milenaria, arraigo rural, arte internacional y una economía que ha sabido esquivar la despoblación gracias a la industria, la caza y la cultura.
Un pueblo que vive el presente sin olvidar sus raíces
Alberto Molero, periodista y natural de Los Yébenes, vuelve cada fin de semana desde Toledo para reencontrarse con su gente y su historia. "Es la típica vida de pueblo", cuenta. Pese a la caída demográfica de los últimos años —de unos 7.000 habitantes a menos de 6.000—, Los Yébenes ha resistido al vacío rural gracias a un tejido industrial notable para su tamaño: solo el polígono industrial genera más de 1.000 empleos, y empresas como Imefy, especializada en transformadores eléctricos, le dan una dimensión global.
El espíritu manchego del pueblo es palpable, sobre todo en sus molinos de viento. Tres de ellos siguen en pie, y uno —el Molino del Tío Zacarías— funciona aún gracias al esfuerzo de los descendientes del último molinero, como el propio Alberto Molero. Tras ser vendido a Gregorio Marañón y pasar por varias manos, hoy el molino es propiedad del Ayuntamiento y ha sido restaurado con fondos europeos.
Del Perú a La Mancha: arte sin fronteras
Miguel Collantes es uno de esos vecinos que han llegado desde lejos. Artista visual peruano, cambió Lima por Los Yébenes hace más de dos décadas, fascinado por sus tradiciones y su calma. Desde entonces, impulsa iniciativas culturales que conectan su país de origen con su hogar adoptivo. La última, una exposición de grabados en colaboración con la Universidad Nacional de Bellas Artes de Perú, ha girado por varios pueblos de Toledo y podría viajar pronto a América Latina.
Además, coordina proyectos para el Museo de Ciencias Naturales de Los Yébenes, que alberga desde insectos hasta un esqueleto completo de ballena azul, junto a una colección táctil de pieles y garras de animales exóticos. Un segundo espacio museístico, el de armas, conserva piezas procedentes de Quintos de Mora, la finca donde se han reunido en secreto varios presidentes del Gobierno.
Garoz, la saga familiar que convirtió la taxidermia en arte
Entre los nombres propios que han dado identidad a Los Yébenes está la familia Garoz, escultores-taxidermistas desde los años 30. Ramón y Juanjo, tercera generación del oficio, han llevado su arte por medio mundo, colaborando con museos, películas y documentales. De hecho, tienen su propia serie: "Garoz salvaje", donde exploran la caza responsable y las culturas locales que dependen de ella, como en su último viaje a Shimshal, en Pakistán.
Cocina de monte: del guiso de venado al milhojas de jabalí
En Los Yébenes la cocina tiene alma rural. Belén Artillero dirige Jardines El Artillero, un restaurante familiar que lleva casi 40 años fusionando tradición y modernidad. “La carne de caza es nuestra esencia”, explica. Platos como el venado guisado en salsa, la cecina de ciervo o el milhojas de jabalí con queso y pasta brick forman parte de una carta que no deja indiferente.
También elaboran conservas caseras de hortalizas, como tomates y pimientos, siguiendo métodos tradicionales. Y no falta el dulce: el arrope, hecho a base de mosto o vino cocido lentamente, es un recuerdo azucarado de tiempos pasados.
