Justo hoy se estrenaba Carlos Cuerpo como el protagonista, por parte del Gobierno, en un debate de alto contenido político. Después de que el Gobierno lograra que el Congreso convalidara el decreto con las medidas anticrisis era ungido por Pedro Sánchez como el nuevo hombre fuerte de su ejecutivo.
En primer lugar, se trata del ministro mejor valorado. El que hasta ahora se ha mantenido más alejado del fragor político y el que, por tanto, genera menos rechazo en la derecha. No ha entrado en la batalla política. Tiene maneras suaves y ni siquiera es militante socialista. Claro, los primeros análisis destacan eso… no tienen perfil político… dicen
Tranquilos. El perfil político acaba de adquirirlo. Otros tecnócratas antes que él se convirtieron en políticos, incluso en políticos populistas. Nadia Calviño no tenía perfil político, ni Pedro Solbes, ni Grande Marlaska. Si lo malo uno lo aprende muy rápido.
Hay también un mensaje para Sumar. De desprecio. Porque a los socios de coalición no les agradaba el nombramiento y así lo venían repitiendo medios afines.
El lugar de María Jesús Montero como ministro de Hacienda lo ocupará Arcadi España. No confundir. Arcadi España. Fue consejero en la Generalitat valenciana y quizás Diana Morant debiera ir percatándose de que pueden haberle encontrado un sustituto para disputar las próximas elecciones autonómicas en la Comunidad Valenciana
El debate anticrisis en el Congreso
El Congreso de los Diputados, ha convalidado el decreto con las medidas anticrisis del Gobierno para paliar las consecuencias económicas de la guerra en Oriente Próximo. En el primer lugar, que el Gobierno gane una votación en el Congreso es un espectáculo cada más inusual y más noticioso, por tanto.
Lo ha hecho gracias a una reedición de la mayoría de la investidura. 175 votos a favor, 33 en contra y 141 abstenciones y será, además, tramitado como proyecto de ley para dar opción a los grupos a introducir enmiendas. O sea que además de Junts, eso que se ha dado en llamar bloque progresista, asume que la bajada de impuestos es la mejor forma de combatir los efectos indeseables del conflicto. Es un buen paso.
Ha votado en contra Vox y finalmente se han abstenido Podemos y el PP. La razón del Partido Popular es que el gobierno se ha negado a incluir una deflactación del IRPF para que las familias recuperen poder adquisitivo.
El caso de Noelia Castillo
La verdad es que no deja de asombrar es que ante un caso como el de esta chica de 25 años Noelía Castillo haya tanta gente comportándose como si fueran un macizo de certezas, cuando francamente es un caso con tantos matices y tan complejo que cualquier opinión rotunda se arriesga a ser una frivolidad. Y porque la tragedia de esta chica, de la vida de esta chica, termina desplazada por la ideología o la creencia. Como algo secundario.
Les decía que es un caso complejo. Sí, porque es verdad que hay una ley de eutanasia secundada por un gran apoyo ciudadano y que esa ley establece que una persona que sufre un deterioro irreversible y un sufrimiento insoportable puede optar por un suicidio asistido.
Pero no estamos ni por supuesto ante un caso de ensañamiento terapéutico, donde se mantiene de forma completamente artificial una vida agotado, ni tampoco ante el caso paradigmático de Ramón Sampedro, que es el que está en la mente de todos.
Quiero decir que la ley no nació para ayudar a morir al que ha decidido suicidarse. Imagínense… en España hay unos 25 intentos por cada suicidio. Es un problema social muy grave y el Estado y la sociedad entiende que hay asistir a esas personas y tratar de disuadirlas porque la ideación suicida es el síntoma de una patología reversible, algo que que es recuperable. Una depresión, por ejemplo, es tratable y por eso a los suicidas se les prescribe terapia.
Pero he aquí lo endiablado del tema. Esta chica no pide el suicidio asistido para acabar con una depresión. Esta chica vivió una vida terrible, denuncia una violación grupal y se intenta suicidar. El intento no consumado de suicidio le provoca unas lesiones muy graves y fruto de ellas un dolor físico y neurológico que ella dice que le hace la vida insoportable.
Lo anterior no justificaría la aplicación de la ley de la eutanasia pero sí las consecuencias de un intento no consumado de suicidio. Es verdad: Según los informes de psiquiatría de su historia clínica, Noelia presenta “síntomas depresivos de forma crónica”, así como un “trastorno de adaptación con síntomas de ansiedad y de depresión”. Pero la eutanasia no se concedió por eso, sino por la paraplejia y las lesiones producidas por el intento de suicidio.
Francamente, el caso es atroz y hoy el caso de Noelia es munición de una batalla cultural que mucha gente afronta con ferocidad, suponiéndole al que tiene una opinión contraria la perfidia y no una inquietud moral genuina.
Pero la opinión y la conversación en realidad dan igual. Porque aquí lo importante no es ni siquiera la eutanasia sino la vida de Noelia. Que ha sido una tragedia ante la que nadie ha estado a la altura. Porque esta chica termina en un centro tutelado después de que su familia se arruinase y fuera desahuciada. Ella entonces denuncia tres episodios de agresión sexual distintos, incluida una violación grupal.
Esa violación habría ocurrido tres días antes de que ella se arrojara por un quinto piso.
Lo terrible de esto, ahora que ha muerto y eso sí que ya es irreversible, es que si hubiera consumado su suicidio después de esa vida de horror, nadie habría hablado de ella ni se hubiera ocupado del caso. Sería parte de una estadística, que son los datos de suicidios anuales. Año 2024: 3.953 suicidios consumados. Digamos que de haberlo conseguido su vida no habría dejado ningún rastro. Hoy en cambio su muerte es munición ideológica.

