La psicóloga María Jesús Álava Reyes puso el foco en el componente psicológico de la conducción temeraria a raíz del accidente mortal de la M-30, y sostuvo que quienes protagonizan estos piques suelen actuar movidos por la frustración, la necesidad de poder y una nula tolerancia a la frustración.
En su intervención en La Brújula con Rafa Latorre, la psicóloga describió a estos conductores como personas que se activan "en automático" cuando se ponen al volante y que, en muchos casos, buscan una satisfacción inmediata a través de conductas agresivas. Álava Reyes insistió en que la conducción revela mucho del perfil emocional de cada persona y que, en estos casos, el riesgo se multiplica si además hay alcohol o drogas de por medio.
Perfil del conductor temerario
La experta explicó que, aunque cualquier persona puede tener un mal día, existe un patrón claro en este tipo de conductas: inmadurez, escaso control emocional y una fuerte impulsividad. Según dijo, estas personas suelen tener una tolerancia mínima a la frustración y una sensación de poder o impunidad cuando conducen.
Álava Reyes añadió que con frecuencia son perfiles agresivos, inestables emocionalmente y poco sociales, con dificultades para las relaciones humanas y una tendencia al resentimiento. En su análisis, ese comportamiento no es propio de alguien emocionalmente estable ni maduro.
Velocidad y sensación de poder
La psicóloga vinculó la velocidad con la sensación de poder, especialmente en conductores jóvenes o inexpertos, que a menudo aceleran para sentirse seguros o dominantes. También apuntó que en personas de mediana edad puede aparecer una idea de estatus o de impunidad, como si las consecuencias no fueran a alcanzarlas.
En ese contexto, sostuvo que el coche puede deshumanizar y convertirse en una herramienta para proyectar frustración o venganza sobre los demás. Para Álava Reyes, estos conductores buscan elevar las emociones al límite y, precisamente por eso, representan un peligro serio para el resto de usuarios de la vía.
Alcohol y drogas
Otro de los puntos que destacó fue el efecto multiplicador del alcohol y otras sustancias, que, a su juicio, agravan todavía más la agresividad y la temeridad al volante. Subrayó que estas situaciones no deberían tratarse como simples accidentes, porque detrás suele haber una responsabilidad clara.
También advirtió de la figura de los conductores de fin de semana, personas que aparentemente llevan una vida normal pero que, al consumir más de la cuenta, pasan a exhibir conductas extremas y peligrosas. En esos casos, recomendó a los acompañantes cortar de raíz la situación y bajarse del vehículo si es necesario.
María Jesús Álava Reyes cerró su intervención con un mensaje muy claro: ante conductores con esos rasgos, hay que tomar distancia y no subirse con ellos. Según dijo, no debe permitirse que encuentren satisfacción en provocar miedo en los demás.
