Déjame que te cuente las distintas acepciones que tiene la palabra casero. Casero puede ser "algo que se ha hecho con medios rudimentarios o procedimientos poco científicos". Y casero es también el "dueño de una casa o local en alquiler".
La primera acepción, la de casero como algo hecho de forma rudimentaria, de cualquier manera, no le va mal al decreto Maricarmen cocinado a toda prisa por el Gobierno en menos de una semana. Ayer mismo, al presentarlo la ministra de Vivienda, antes incluso de que estuviera terminado de redactar, reconocía que era todo un cacao.
La otra acepción de casero, la del que tiene en sus manos el futuro de un inquilino, le encaja muy bien a Junts, que tiene en vilo al inquilino de La Moncloa. Junts lleva siendo el casero de Pedro Sánchez desde que negoció con Puigdemont la amnistía a cambio de investidura. Y pidiéndole un aumento del precio del alquiler cada vez que renegocia algo.
Está por ver qué piden ahora los independentistas catalanes por apoyar este decreto de vivienda cuya letra pequeña no termina de convencer a Junts, que pedía más protección para los pequeños propietarios pero tampoco termina de mojarse de si votará o no en contra.
De momento, el apoyo a los decretos leyes de vivienda está en vilo. La sesión de control no le ha servido al Gobierno para apuntalar los apoyos que necesita para sacar adelante el paquete de medidas que aprobó ayer. Hay un decreto que ya da por perdido antes incluso de salir en el BOE, el que presentó ayer Sumar e incluía la prórroga indefinida de los alquileres y medidas que obligarían a los caseros a pagar 12 mensualidades a los inquilinos si no prorrogan el contrato.
El otro decreto, el que sí se ha publicado hoy, dice que las comunidades autónomas asumirán la deuda del inquilino ante un desahucio y que la suma de las habitaciones, si una casa se alquila para compartir, no podrá superar el precio del piso completo. También prohíbe la compra especulativa de vivienda por parte de los fondos buitre, pero claro, está por ver también qué se entiende por fondo buitre.
Está por ver también qué se entiende por fondo buitre
Los grupos parlamentarios llevan las últimas horas estudiando si apoyan o no el decreto Maricarmen impulsado de urgencia por el Gobierno. Y no solo Junts se muestra reticente. Podemos dice que se queda corto. Para Junts está decepcionado por si va demasiado lejos. Decepcionados y preocupados, se dicen los independentistas catalanes.
¿Y el presidente del Gobierno? Entre tanto, el inquilino, que sabe que ya le vence pronto el contrato en La Moncloa, se muestra optimista.
No son tan optimistas los manifestantes que están acamapados en la Puerta del Sol y en cada vez más plazas de España. Para el fin de semana han invocado caceroladas y manifestaciones. Así que muy optimistas no serán si creen que mañana, con decreto Maricarmen o sin él, no se van a solucionar sus problemas.
En realidad, los problemas de Sánchez dependerán de su casero. No es la primera vez que Junts apura hasta el final para asustar al Gobierno y en el último momento le ayuda a sacar leyes, pero esta vez es todo más delicado.
¿En qué situación queda el Gobierno si no se aprobaran ninguno de los dos decretos? Si decayeran los decretos, los dos, ¿decaería también la legislatura? ¿Convocaría elecciones Sánchez para convertir la derrota en golpe de efecto? A ver qué hace Junts. Sería un giro de guion curioso, que el partido que tuvo la llave para abrir la legislatura, la tuviera también para echarle el cierre.
Un supuesto intento de atentado en Tel Aviv
Tiempo tenemos esta tarde en La Brújula para hablar de mucho más que de Vivienda. Estamos muy pendientes de Ceuta también y de la letra de la AEMET de peligro elevado por una dana, de las amenazas de Rusia de usar armas nucleares contra la OTAN y del intento de atentado que según Israel se ha vivido esta mañana en un avión a Tel AViv.
Un intento de atentado yihadista, según el Gobierno israelí, en el que uno de los pilotos trató de tomar este miércoles el control del avión "con un único objetivo: estrellarlo", pero lo impidió 2 heroísmo de varios pasajeros israelíes que irrumpieron en la cabina de mando, redujeron al terrorista y —con sus propias manos— devolvieron el control de la aeronave a otro miembro de la tripulación". El aparato, con 174 pasajeros a bordo (166 de ellos israelíes), descendió repentinamente casi 6.000 metros en pocos minutos.
La compañía admitió inicialmente que se produjo un "incidente" en la aeronave, pero que aterrizó sin problemas y todos los pasajeros se encuentran a salvo.

