Déjame que te cuente qué pasa cada año por estas fechas. No, no lo de que se presentan Presupuestos Generales del Estado, que hace años que no pasa, aunque el plazo legal que marca la Constitución expira el 30 de septiembre. Pasado mañana. Este año, por cierto, tampoco habrá Presupuestos. Y van cuatro. ¡Cuatro años sin Presupuestos!
Lo que sí que pasa cada año, siempre pasa, sin falta, por estas fechas es… la vendimia. Bien lo saben aquí en Tomelloso, donde hoy hacemos La Brújula, desde el Mercado de Abastos, para celebrar precisamente La Fiesta de la Vendimia.
La vendimia sí que tiene una honestidad improrrogable: el vino no puede mentir sobre el año que ha tenido. No hay relato que valga. El vino siempre es verdad.
Ay, si la política funcionara igual. Si las legislaturas durasen lo que tienen que durar, si rindieran cuentas de verdad y cuando no dieran más de sí, cuando no pudieran aprobarse presupuestos, tal y como marca la Constitución, vendimiáramos en las urnas.
El vino no engaña. Cuando llueve de más, se nota; si el verano fue bueno, también; si hizo mucho calor, se adelanta la vendimia. No se puede disfrazar una mala añada de gran cosecha solo con un cartel bonito. El viticultor sale a la viña, prueba la uva, y decide el día exacto de vendimiar no por conveniencia, sino por respeto al fruto: ni demasiado pronto ni demasiado tarde.
No se puede disfrazar una mala añada de gran cosecha solo con un cartel bonito
La cosecha que más le convenga al Gobierno
El gobierno, en cambio, negocia consigo mismo el calendario electoral, calculando no cuándo está más madura la cosecha sino cuándo le conviene más: si antes de que estalle el siguiente escándalo, si después de aprobar una nueva ley de vivienda, si adelantándose a algún otro sumario de los casos de corrupción pendientes.
Y si, como publica hoy El Confidencial, el TC prevé dar la razón al Senado contra el Ejecutivo por no presentar Presupuestos en toda la legislatura, crece la posibilidad de que Sánchez tenga que adelantar las elecciones. Gana fuerza la idea marzo. ¿Se habrán calmado entonces las crisis actuales (Ceuta, vivienda, cloacas…) o se habrán enquistado?
La fecha de elecciones sigue dependiendo de Pedro Sánchez. Según le vaya. Es como si para vendimiar, en vez de estar pendientes de la vid, estuviéramos pendientes del humor del viticultor. Sánchez insiste en que las elecciones serán en 2027. Lo que ya no depende tanto de él es cómo llegará a 2027.
Y el de la vivienda es la última de las brechas que divide una coalición en crisis. Últimamente, al Gobierno se le están acumulando tantos escándalos que a este paso ya no puede esperar al momento idóneo, solo al menos malo.
15-M con M de Maricarmen
Con las plazas llenas de manifestantes que piden vivienda digna después de 8 años sin que la situación de la vivienda haya hecho más que empeorar, con la inflación en la cesta de la compra cada vez más fuera de control y la frontera de Ceuta patas arriba, las encuestas solo vendimian indignación.
Las encuestas solo vendimian indignación
Cuando un Gobierno es percibido como incapaz de resolver los problemas de la gente, hasta los de dentro tratan de distanciarse de él; La vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, llamando a la movilización contra sí misma da una idea de cómo va la coalición.
La izquierda quiere rentabilizar las manifestaciones y acampadas para presionar mejoras en la ley de vivienda que se han precipitado tras el desahucio de Maricarmen, pero si el decreto no contenta a todos (y es difícil que así sea) puede salirle el megáfono por la culata. La frustración es una energía inflamable de difícil control.
Si el 15-M supo, aunque fuera como espejismo, transformar la indignación en esperanza de cambio, esta nueva M de 15 años más tarde, 15-M con M de Maricarmen, está presionando para sacar un nuevo decreto ley que está por ver en qué cristaliza.
El desahucio de una anciana de 87 años ha avivado la solidaridad social e intergeneracional, pero también las incongruencias políticas de una izquierda que promete solucionar en una semana lo que no ha hecho en ocho años y una derecha cuya receta mágica es desregularlo todo.
Depende de lo que salga el martes del decreto Maricarmen, la indignación que ha llevado a la movilización puede llevar al rédito político o a la frustración. Y la izquierda, como siga decepcionando a sus votantes en lo que más preocupa ahora a los ciudadanos, que es la vivienda, va a tener muy difícil explicar para qué sirve.
Todos quieren ponerse la medalla de quién ayuda más a Maricarmen. Bueno, todos, no. No falta quien le eche más leña al fuego de la confrontación. Bien mirado, esto también es una manera de sacar rédito político al caso Maricarmen. Quién más y quien menos todos piensan en la vendimia.

