Washington ha vivido una de esas escenas que resumen el espíritu de una era: la salida de Elon Musk de su peculiar papel en el Gobierno de Donald Trump ha sido escenificada con una gigantesca llave dorada, entregada por el expresidente en el Despacho Oval. Un gesto tan teatral como simbólico en medio de una política cada vez más marcada por el espectáculo.
Durante la emisión de La Brújula de la Economía, Rafa Latorre y su equipo han diseccionado con ironía y análisis crítico este peculiar "divorcio" entre Musk y el Gobierno. Aunque no cobraba sueldo por su papel como asesor especial, el magnate ha sido una figura clave con poder fáctico, sin someterse a las incompatibilidades ni a los controles que se exigen a otros altos cargos. Ahora, según el periodista Pablo Rodríguez Suanzes, se retira, “pero no del todo”. Musk, asegura, "seguirá haciendo lobby y utilizando sus contactos, como hasta ahora".
Ignacio Rodríguez Burgos, otro de los analistas, se refirió a Musk como el "fontanero con gorra a lo Mario Bros", destacando su aspecto informal incluso en las ocasiones más solemnes. Para Trump, sin embargo, Musk es un "genio" que ha hecho un "gran trabajo", aunque su estrategia de recorte de gasto público no ha dado resultados claros: apenas 20.000 millones de dólares en ahorros y una política comercial desordenada que ha convertido la guerra arancelaria en una batalla judicial.
Mientras tanto, Trump regresa a su blanco favorito: China. Acusa a Pekín de violar acuerdos comerciales, al tiempo que camufla impuestos especiales a inversores extranjeros bajo medidas fiscales supuestamente patrióticas. Todo en un clima donde las reglas se doblan, pero los boomerangs —como apuntó Latorre— siempre regresan.
La volatilidad se refleja en los mercados. Wall Street responde con caídas ante la incertidumbre, el dólar se debilita y la economía global sigue buscando referencias claras. Paradójicamente, la Bolsa española ha cerrado su mejor mes de mayo desde 2007, con un repunte del 6,5%. Empresas como Indra (+30%) e IAG (+26%) lideran las subidas, y los bancos también celebran cifras positivas.
La mejora del euríbor, que baja al 2,08%, podría suponer un alivio de hasta 1.600 euros al año para los hipotecados. Y la inflación también da una tregua, situándose en el 1,9% interanual, según el IPC adelantado, pese al impacto del apagón eléctrico que ha encarecido la factura de la luz.
En medio de esta maraña económica, la tensión entre el Gobierno de Pedro Sánchez y las grandes eléctricas se mantiene. Ignacio Sánchez Galán (Iberdrola) ha reivindicado la seguridad jurídica y energética como “cuestión de Estado”, mientras que Antonio Brufau (Repsol) ha exigido igualdad fiscal para los biocombustibles frente a la electrificación. Ambos coinciden en que las renovables por sí solas no garantizarán la estabilidad energética del país.
En clave laboral, la multinacional Teleperformance ha anunciado 321 despidos en España, con León y Barcelona como los centros más afectados. En paralelo, los seis hijos de Ruiz-Mateos han sido condenados a siete años de prisión por estafa mediante pagos piramidales de Nueva Rumasa, dejando una deuda cercana a los 300 millones de euros.
La OPEP, por su parte, estudia aumentar su producción para recuperar cuota de mercado, lo que podría traducirse en un leve respiro para los precios del combustible, aunque las bajadas de petróleo no siempre se reflejan de inmediato en las gasolinas, como bien han ironizado los tertulianos.
En un giro más costumbrista, Amador Ayora ha denunciado una ola de inspecciones fiscales en la Feria de Sevilla. Hacienda ha comenzado a tratar las casetas como si fueran negocios regulares, evaluando supuestos beneficios y exigiendo justificaciones. Esto abre la puerta a actuaciones similares en otras ferias y fiestas locales, desde Jerez a Moros y Cristianos.
